Selección por provincias

domingo, 28 de diciembre de 2008

Castillo de Chiva

El castillo de Chiva se alza sobre un monte a cuyos pies de encuentra la localidad del mismo nombre, en la comarca de La Foia de Bunyol de la provincia de Valencia.Los primeros vestigios de una ocupación del territorio, corresponden a los comienzos de la edad de los metales. En una cueva sepulcral descubierta en 1953, en la partida denominada Cava honda, se recogieron materiales característicos de la cultura eneolítica, que se conservan en el Museo de Prehistoria de Valencia. También fueron descubiertos restos arqueológicos de la época romana en la Partida Incolla, correspondiendo a esta época la construcción del castillo con una triple línea amurallada.

Fue el Rey Jaime I, se supone que el día 25 de septiembre o 7 de octubre de 1237, quien hizo donación del Castillo y Villa de Chiva a D. Berenguer de Entenza -perteneciente a una familia aragonesa- Berenguer de Entenza, fiel aliado del Rey Jaime I, estuvo presente en la capitulación de Valencia y al pactar la rendición de la capital, Entenza pudo tomar de su nuevo señorío de Chiva.

En 1363, Chiva fue ocupada por las tropas del Rey de Castilla, permaneciendo en ella hasta marzo de 1366, en que la abandonaron, no sin antes quemarla y saquearla, siendo en este periodo de tiempo el Almirante del Rey de Castilla D. Micer Gil Bocanegra.

A pesar de la conquista cristiana, el pueblo morisco aun seguía manteniendo vivas sus tradiciones -tras la conquista de Jaime I, los moriscos no fueron expulsados, salvo en un número mínimo-, hasta que el día 22 de noviembre de 1609, Felipe III decretó su expulsión. La Villa quedó prácticamente despoblada y el 9 de octubre de 1610 se le otorga la carta de repoblación, firmada por una parte por D. Pedro de Moncada -Barón de Chiva- y por otra parte los 38 repobladores.

Chiva fue escenario de diversas batallas durante la primera guerra carlista entre 1833 y 1840, haciendo oficial su apoyo a Isabel II el día 22 de noviembre de 1833. El día 31 de marzo de 1836, Chiva fue ocupada por el General Cabrera, hasta el día 2 de abril del mismo año, en que tuvo que abandonarla al ser atacado por el General Palarea. El día 13 de julio de 1837, volvió a ser ocupada por los carlistas, dándose dos días después la denominada batalla de Chiva, en que las tropas carlistas fueron derrotadas.

Por el apoyo demostrado a Isabel II se le concedió por Real Decreto de 30 de Noviembre de 1833, el Título de MUY LEAL, HONRADA Y VALIENTE VILLA DE CHIVA.

Alcázar de Sevilla


Del Alcázar de Sevilla, vieja fortaleza y residencia de los almohades y de los reyes taifas edificada el año 712, quedan algunos restos en el actual, que es el resultado de las múltiples reformas efectuadas después de la reconquista de Sevilla en 1248. Su parte más espectacular, el palacio construido por Pedro I el Cruel en 1364-1366,tiene dos núcleos principales, centrados en el «patio de las doncellas» y el «patio de las muñecas». Posteriores reformas añadieron estancias fastuosamente decoradas en estilo mudéjar y plateresco.

Todavía más difícilmente que en el caso de Granada cuesta «ver» ese palacio sevillano como una fortaleza; el olor de ,jazmines y azahar impide sentir el de la pólvora o el de la sangre que tantas veces se respiró en él. Las mismas flores y matas hacen difícil distinguir la muralla defensiva que va por la plazuela de los Caballos, por la Borceguinería hasta las calles de los Toqueros y del Vidrio.
La verdad es que fue fortaleza, dura fortaleza, pero todos sus dueños se complacieron en adornarla. El más famoso de ellos fue Mutamid, el rey poeta, que casó con una esclava sólo porque ella supo completarle un verso hecho al Guadalquivir. Decía el rey, improvisando, que cuando soplaba el céfiro la superficie del río se parecía a una cota de mallas y ella siguió diciendo que al helarse sería la más dura armadura del mundo. Porque el poeta, en la gran tradición árabe, era también guerrero y unía los cantos al amor con los cantos a la milicia. Por ejemplo mirando la noche, con Orión levantándose en el cielo: "Así soy yo en la tierra, entre escuadrones y mujeres hermosas que alían el esplendor con el alto rango.

Si las lorigas de los guerreros esparcen tinieblas, los vasos de vino de las doncellas nos llenan de claridad.

Y si las esclavas cantan acompañándose de la cítara, las espadas no dejan por eso de cantar también sobre los cascos enemigos."

Se le planteó el dilema de tantos jefes. Tenía que llamar en su ayuda al poderoso Yussef el almorávide para vencer a Alfonso VI, a riesgo de que el aliado lo fuera mientras le conviniera. Mutamid se decidió por su deber de creyente y lo hizo. Yussef le depuso, le apresó y le mandó a Africa a morir. Allí compuso nostálgicos poemas recordando los dulces tiempos sevillanos.

"¿ Cuántas noches pasé deliciosamente junto al recodo del río con una doncella cuya cadera emulaba la curva de la corriente?

Se pasaba el tiempo escanciándome el vino de su mirada y otras veces el de su vaso y otras el de su boca."

Un par de siglos después, en el Alcázar no hay ya jardines que cantar ni escuadrones que revistar. Alá no ha podido impedir que unos rudos guerreros consigan levantar el pendón de Fernando III el Santo en la torre octogonal. Ha sido la empresa más increíble, el golpe más decisivo de la Reconquista. Rompieron los barcos de Ramón Bonifaz las cadenas que los infieles habían puesto para impedir el paso "y viendo los moros que no podían acceder a ninguna cosa de las que amaban y querían... se tuvieron que acoger a hacer la voluntad del rey; que vaciasen la villa y la dejasen libre... y los moros tenían que dejar sus haberes y sus armas y sus cosas y que de esta manera dejasen Sevilla. Y una vez que la orden fue firmada en todas partes, los moros entregaron el Alcázar de Sevilla al rey don Fernando. Mandó poner el rey su bandera encima de la torre diciendo todos los cristianos "Dios ayuda" y dando gracias a Nuestro Señor.

Lo relata un cronista que para su labor en este caso tenía conocimiento del hecho de primera mano: el rey Alfonso X el Sabio, hijo de Fernando III. El que luego concedió a Sevilla, que se mantuvo fiel en las luchas intestinas, el lema «Nomadejado» que luce en jeroglífico en el escudo de la villa con las sílabas NO y DO separadas por una madeja.

1369. El Alcázar se ensucia con un terrible asesinato. Pedro recibe a su hermano Fadrique, maestre de Santiago de quien recela y a quien ha decidido matar. Don Fadrique acude con muchos hombres y el rey por ello le despide citándolo para más tarde.

Cuenta el canciller Pedro López de Ayala entonces una visita protocolaria preñada de sentido: "Marchó entonces el Maestre y fue a ver a doña María de Padilla y a las hijas del rey que estaban en otro sector del Alcázar, que dicen del caracol. Y doña María sabía lo lo que estaba acordado en contra el maestre y cuando lo vio puso una cara tan triste que todos lo podían entender que ella era dueña muy buena... y no estaba de acuerdo con las cosas hechas por el rey y le afligía mucho la orden de muerte que habían dado al maestre."

Este se despide sin notarlo, va en busca de sus hombres y descubre que todos habían salido por orden de la guardia.

Asombrado vuelve con el rey y éste ordena a sus ballesteros: "¡Matad al maestre!" Sobreviene una escena dramática. Don Fadrique salta al corral "y echó mano a la espada, pero no la pudo sacar y cuando intentaba sacarla, se le trababa la cruz de la espada en la correa, de manera que no la pudo sacar". Y allí terminó a mazazos de los sicarios de un rey que acabaría sin vida en manos de su otro hermano, Enrique... Tras la sangre florecieron las rosas. El Alcázar fue cada vez más palacio, las murallas parece que se han conservado sólo para proteger las flores, los distintos señores de España lo han considerado siempre su más bello rincón que cuidar y enseñar al ilustre visitante de lejanas tierras...

Sí, hoy el olor de la sangre se ha desvanecido en entre los arriates del Alcázar... como ha perdido simbolismo una defensa adelantada del castillo junto al río.

Arenal de Sevilla y olé
Torre del Oro
donde las sevillanas y olé
juegan al toro.

Hubo un tiempo en que los sevillanos a su sombra jugaban verídicamente a la guerra. La construyó Abu-el Ola y se eleva exenta, dodecagonal, coronada de almenas en la margen izquierda del río Guadalquivir. Era como el centinela avanzado del alcázar, asomado a las aguas del río para dar la alarma primero y resistir después la embestida del enemigo, dando tiempo a su hermano mayor para que se pusiera en guardia.

Sirvió además para guardar el oro de Pedro el Cruel y más tarde el que venía de América y le dio el nombre que hoy lleva.

Texto de: Fernando Díaz-Plaja

sábado, 27 de diciembre de 2008

Castillo de Ponferrada


En su origen fue castro y posteriormente ciudadela romana, más tarde fue construida una pequeña fortaleza de cantos y barros, que domina, desde un altozano, la rica vega del Río Síl, es como los Templarios la encuentran cuando van a residir en ella, ya que en 1178 Ponferrada pasa a depender de la Orden Militar del Temple, iniciando estos la ampliación y mejora del castillo, regruesan los muros y lo levantan de fábrica de cal y canto.
En el siglo XI, el obispo de Astorga ordenó la construcción de un puente para dar servicio a los peregrinos. Este puente fue reforzado con hierro y así se le llamó Pons-Ferrata, origen del nombre de la población.La Orden Militar del Temple, reconstruye esta fortaleza destinada a proteger el paso de peregrinos que caminaban hacia el sepulcro de Santiago en Compostela. A lo largo de la historia este castillo participó de un triple carácter: fortaleza, cenobio y palacio. Cenobio , ya que esta era la residencia de los monjes "guerreros" Templarios.A partir de la disolución de la Orden en 1312, los Templarios quedarán íntimamente ligados a la ciudad de Ponferrada y han dejado ese halo de misterio que siempre les acompañó y que aun pervive en las piedras del castillo, convertido en símbolo de la ciudad. Pero, bien es cierto que esa aureola mística y legendaria de los templarios que aun se recuerda, en realidad, su aspecto se debe más a los señores feudales del siglo XV.La disolución de la Orden Templaria, vino por la bula "Pastoralis Praeminentiae" del Papa Clemente V, que ordena incautar todos los castillos y bienes del Temple para pasar a favor de la iglesia.El castillo va de mano en mano, perteneciendo primeramente a la Corona de León y en 1340 fue cedido por Alfonso XI al Conde Lemos, Don Pedro Nuñez de Castro, hasta que en 1486 pasa a los Reyes Católicos, que nombran alcaide al Marqués de Villafranca, y este acabará comprándolo en 1558.En una segunda etapa se construirá el Castillo Viejo, en la esquina norte de la cerca, es la época de Pedro Fernández de Castro.El tercer gran período constructivo en el castillo, es en la segunda mitad del siglo XV, siendo la época de Pedro Alvarez de Osorio y de los Reyes Católicos. En ella se construirán las torres de Monclín, Cabrera, Malpica, la de la entrada y la de los Caracoles, la Barbacana, el puente levadizo, la zona palacial Malvecino y el Cubo Nuevo.A principios del siglo XVI se fortalecerá Malvecino y se construirá la torre de Juan de Torres o de los Reyes Católicos y probablemente la Mirra o Covacha y sus baluartes. De todas estas reformas han quedado huellas en la piedra con la forma de escudos y blasones, pero, sin duda, la etapa de los templarios es la más profunda y la que más ha calado en la conciencia popular.El castillo, se sabe que se conservaba en perfectas condiciones en tiempos de la ocupación francesa, pues se tiene constancia de que en uno de sus salones los oficiales del Regimiento de Monterrey, ofrecieron un baile de honor a las damas ponferradinas.Pero, a lo largo del siglo XIX, se suceden la destrucción, saqueos y voladuras del castillo, convirtiéndose en cantera, campo de cultivos, campo de deportes, etc. Llegando a nuestros días en bastante mal estado.Hoy día, se está llevando un plan de reconstrucción y recuperación del Castillo de Ponferrada, para devolverle su esplendor anterior.Posee esta fortaleza, planta cuadrada irregular y sus primitivas doce torres representan la forma de las constelaciones o símbolos del zodiaco. Su majestuosidad le viene por el impresionante conjunto de la entrada, formado por el puente levadizo, la puerta de la barbacana, la torre del Rastrillo con su zagüán, las rondas altas y bajas, las torres de Cabrera y Moclín. El acceso principal al castillo se efectúa a través de una hermosa puerta franqueada por dos torreones de finas almenas. Son más de 8000 metros cuadrados de superficie, y su construcción es una de las más relevantes del Medievo en lo que a arquitectura se refiere. Se prestó especial atención al proteger el acceso principal, donde la adicción de dispositivos defensivos, no exentos de artísticos detalles, han conferido la bella estampa mil veces plasmada en los folletos turísticos de León.En la parte izquierda de la Plaza de Armas del castillo se alza la Torre del Homenaje, en la que se conserva un salmo en Latín: "Si el Señor no protege la ciudad en vano vigila el que la guarda". En este palacio-monasterio de los monjes guerreros, la filosofía de la Orden del Temple, pervive hoy día en las piedras del castillo.
Fuente: Antonio Matas Vara

Castillo de Torrelobatón


EI castillo de Torrelobatón (Valladolid) perteneció a la familia de los Henríquez, almirantes de Castilla. Su planta es cuadrada, con cubos circulares en tres de sus ángulos, mientras que en el cuarto se alza una robustísima torre de homenaje, que tiene como adorno ocho cubos volantes, cuatro angulares y cuatro entre los anteriores, algo más pequeños. Tuvo tres pisos y se entraba en ella por un puente oscilante. Se conserva la galería subterránea de escape. Se considera que fue construida en el siglo XIII y carece de almenas.

Fue un triunfo de los comuneros. O mejor fue el triunfo de los comuneros. De aquí creyeron que partían para la gloria, para su victoria definitiva, una victoria con la que pondrían justicia en el reino contra los desaforos de los nobles. Porque, como decía la junta de Valladolid a los gobernadores que, en nombre de Carlos, les conminaban a dejar las armas y obedecer al rey: «¿Obedecer al rey? ¿De qué están hablando?» Los que han obedecido siempre al rey han sido ellos, las comunidades, es decir, los hombres del estado llano; los que no le han obedecido han sido los nobles que ahora quieren darles lecciones de fidelidad monárquica. El redactor de la carta hace historia: «¿Quién prendió al rey don Juan II, si no los grandes? ¿ Quién lo soltó e hizo reinar, si no las Comunidades?» y cuando los nobles animaron al rey de Portugal a que entrara en nuestra tierra y quitara el trono a Isabel y Fernando las Comunidades lo vencieron y echaron de Castilla e hicieron pacíficamente reinar a sus naturales reyes.


El comunero toca ahora otro punto. Servir a un rey significa además pagarle impuestos y ayudarle económicamente ¿no es cierto? Pues vemos que «los pueblos son los que le enriquecen y los grandes son los que le han empobrecido, Vasallos, alcabalas y otras rentas reales eran del rey y los pueblos las pagan; ¿quién ha quitado a sus majestades sinó los grandes?» y aludiendo a la concesión de mercedes que el noble había sacado, año tras año, aprovechando la debilidad de los reyes medievales y que les permitían ocupar tierras y pueblos que le tributaban a él y no al monarca: «Vean vuestras señorías cuán pocos pueblos quedan ya del rey que desde aquí a Santiago -que son cien leguas- no tiene el rey si no tres lugares


Las Comunidades hablaban con el lenguaje de la razón y por un momento, aquí en Torrelobatón, también con el de la fuerza. Once mil hombres de varias provincias acudieron a sitiar el castillo cuyos señores aseguraban que sólo al rey Carlos y a sus representantes servían. El sitio duró ocho días y tras ellos el castillo se rindió. Se exaltaron los comuneros. Dios estaba a su lado.
En realidad había sido fatal perder esos ocho días. Ocho días son muchos cuando el enemigo tiene un nombre llamado Carlos, ya emperador, y un hábil propagandista, el obispo Antonio de Guevara, que escribe a los rebeldes, sarcástico, y a los tibios, convincente. Cuando los nobles acuden de todas partes, no tanto para defender al rey como para proteger sus intereses, su status de autoridad, que esos mercaderes parecen poner en duda manifestándose en directo enIace con la monarquía sin intermediarios nocivos.


El día 23 de abril de 1521. Padilla y Bravo al frente de sus soldados triunfantes salen de Torrebatón. Su objetivo es ahora la importante ciudad de Toro, pero en la llanura sobreviene un temporal; intentaban refugiarse de él, cuando les alcanzan, cerca de Villalar, dos mil quinientos jinetes imperiales enviados por el gobierno. Por un lado soldados improvisados, por el otro profesionales de la milicia. Los comuneros vacilan y se desperdigan a pesar de los intentos de Padilla y Bravo para reagruparlos.«... ya que llegaban cerca de Villalar pasóse el conde de Benavente con su gente a tomar la una punta del lugar: el condestable se puso delante de la batalla real y yo con la vanguardia; y en haciendo la punta que hizo el conde de Benavente rompí con la vanguardia por mitad de los escuadrones de los enemigos y en los que quedaron a la mano derecha rompieron el condestable y el conde de Miranda y el comendador mayor de Castilla... y en los que quedaron a la mano izquierda rompió el conde de Benavente... serían los muertos y heridos obra de mil hombres de los cuales mató muchos la artillería


El refugio que buscaban en Villalar lo fue definitivo para los jefes de la sublevación: Padilla, Bravo y Maldonado subieron al día siguiente al cadalso.


Detrás quedaba Torrelobatón como símbolo de la única gran victoria que había tenido la Comunidad en su quijotesco intento de restablecer la proporción entre la autoridad y la eficacia, entre los derechos del rey y el de los súbditos. La gente no recuerda tanto el triunfo como la derrota, que quedó mucho más dramáticamente en la memoria, y al hablar de sus comuneros nadie piensa en Torrelobatón y sí enVillalar. Y es que los castellanos rebeldes habían llegado a Waterloo demasiado pronto.


Torrelobatón los vio marchar al desastre desde la gran torre del homenaje en cuyos torreoncillos hay escudos del almirante de Castilla, a quien perteneció. Los pocos fugitivos que pudieron volver contaron cómo había terminado la gloria de una semana.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Castillo de Monzón


El castillo de Monzón (Huesca), cuyas murallas exteriores son de ladrillo, fue cedido a los templarios por Ramón Berenguer IV en 1143.
Pasó su infancia en él Jaime I el Conquistador, bajo la tutela de Guillermo de Montredón, gran maestre del Temple. Cuando la orden de los templarios fue disuelta, Jaime II cedió el castillo en 1318 a los caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Fue el lugar donde con mayor frecuencia se reunieron las cortes de Aragón, desde las primeras de 1134 hasta las últimas, en 1701.

De abajo arriba, encaramándose por el cerro, van sucediéndose las murallas de forma distinta, de distinta estirpe y linaje. Siglo a siglo fueron apoyando las defensas sucesivos monarcas y señores. Encima de todas, como sobre un pedestal de rocas, el primitivo castillo, sólidos todavía sus torreones, asomándose al paisaje aragonés por ventanas árabes...
Monzón fue residencia superior de la orden del Temple, una institución de la que hoy se sabe poco, no por falta, sino por sobra de documentos casi siempre contradictorios. Fue una orden de monjes soldados cuya misión inicial era defender el Temple (templo) de Jerusalén contra los sarracenos, gente que sacrificó vidas y haciendas en los Santos Lugares primero y, cuando terminaron inútilmente las Cruzadas, para seguir luchando contra la morisma donde fuera, en España por ejemplo. O bien: fue gente rapaz y egoísta que, bajo el manto blanco, ocultaban un ansia de riquezas que les llevó a los mayores crímenes para conseguirlas. La segunda versión es naturalmente la de sus enemigos mortales y fue la que dictó su suerte primero - abolida en Francia, aquí lo hizo Fernando IV -, y su maléfica leyenda después. Sólo en los casos de masones y jesuitas hay parangón con las historias que se contaron de los templarios....
Historias fantásticas que tenían que atraer a los escritores que más gustan de alejarse de la realidad: los románticos. Así, el enemigo más fuerte de Ivanhoe (de Walter Scott) es templario, y templarios aparecen en novelas españolas del mismo tiempo. Los describe Gil y Carrasco en la primera visión de la capilla que se ofrece al nuevo profeso, el señor de Bembibre. "Entonces abriéndose las puertas de par en par... la iglesia tendida de negro con un número muy escaso de blandones de cera amarilla y verde encendidos en el altar. En sus gradas estaba el maestre, sentado en una especie de trono rodeado de los comendadores de la orden y más abajo, en semicírculo, se extendían los caballeros; envueltos en sus mantos blancos parecían otros tantos fantasmas lúgubres y silenciosos." Don Alvaro hace juramento de obediencia ciega al maestre, votos de castidad perpetua y pobreza absoluta. Promete guardar riguroso secreto sobre los usos, ritos y costumbres de la religión. Le tapan con un manto mientras cantan salmos penitenciales, y, cuando le descubren, la iglesia está adornada como para una fiesta, retiradas las colgaduras negras, velas blancas encendidas en las manos de todos. Era como la celebración de un recién nacido; entraba un nuevo caballero en el Temple..
Tras el sueño - o pesadilla - del Temple, Monzón se asoma de nuevo a la historia por las Cortes que en ella se reúnen - 1362, 1383, 1389, 1435 -,... Cortes que el monarca aragonés llamaba casi siempre para pedir subsidios para sus próximas guerras o para que jurasen al príncipe heredero; Cortes que los convocados representantes de la nobleza y del clero, pero especialmente del estado llano, los mercaderes y los campesinos, aprovechaban para exigir reformas, casi siempre fiscales. Que no se pudiera imponer nuevos pechos (impuestos) sin oírlas antes, que no se permitiera enajenar posesiones de la corona para hacer más poderosos a los nobles, que se pusiera orden en la casa real....Los reyes acostumbraban en esos casos a conceder las cosas fáciles y a prometer tomar en consideración y decidir tras madura reflexión las más complicadas... o sea las que les iban a costar enemistarse con algún noble, o dinero. Mientras duraban las sesiones, los cortesanos hablaban amistosamente con los representantes del pueblo que, a pesar de sus recelos iniciales, no podían evitar un cierto envanecimiento por esa amabilidad desusada; les ponían en contacto con el rey y éste acababa por llevarse el subsidio solicitado.
(Fernando Díaz-Plaja)

Castillo de Molina de Aragón


Sin duda, si hay algo que confiere y da un carácter singular a Molina, es su gran castillo-alcázar medieval, culminado por la característica "Torre de Aragón", símbolo emblemático de esta ciudad.
Levantado sobre un antiguo castro celtibérico y utilizado por los árabes durante su dominio, fue ampliado y fortificado por los señores molineses, los Condes de Lara.
Durante el señorío de Dª Blanca Alfonso, á finales del siglo XIII puede darse por rematada la construcción de este majestuoso castillo, y de la muralla exterior que rodeaba la villa, llamada también "El Cinto". Este recinto exterior constaba de cuatro puertas de acceso: la del "Campo", la actual "Torre del Reloj", la de "La Traición" localizada en el murallón norte y la del "Puente levadizo".
A partir de este enorme recinto exterior, la muralla se fue extendiendo para abarcar la ciudad que progresivamente aumentaba hasta el río Gallo. Aún pueden verse restos de estas antiguas murallas y torreones a la entrada de lo que llaman "El barrio judío", "La puerta Ahogalobos" y "La Torre de Medina", cerca del puente romano.
Doña Blanca también creó un Cabildo de Caballeros que dieron nombre y fama a la villa. denominándose "Molina de los Caballeros". Esta tradición aún pervive hasta nuestros días como la Cofradía del Carmen y desfila cada 16 de Julio con vistosos uniformes medievales, en la llamada procesión de "los cangrejos".
Conserva cuatro torres donde descuella el tono rojizo de sus sillares esquineros: la del "Homenaje", la de "Las Armas" y la de "Los Veladores" a mediodía y "Cubierta" o de "Caballeros" al Norte.

Castilo de Loarre


El castillo de Loarre (Huesca), emplazado sobre un antiguo castro romano (Calagurris Fibularia), fue fundado por el rey Sancho I Ramírez de Aragón sobre una estribación de la sierra de Guara.De planta irregular, con un doble recinto de murallas reforzadas por torres, es el más importante castillo románico de España. Fue residencia de los reyes de Aragón. El mismo Sancho I fundó en su interior un monasterio, para canónigos agustinos, en estilo románico aragonés, perfectamente conservado, y que forma parte del castillo.

El castillo de Loarre es la más importante fortaleza del románico español (siglos XI y XII). Fue residencia de los reyes de Aragón. Ocho torreones hay en Loarre, que pudo ser el Covadonga de la Reconquista catalana de Jaime de Urgel. Había sido romana y mora; la hizo cristiana Sancho el Mayor, hubo en ella monjes y soldados. Pero su huésped más famoso fue un pretendiente sin suerte. Los grandes perdedores de la historia tienen un halo de romanticismo. Así fue Carlos de Viana, el príncipe melancólico. Así fue el gran derrotado del compromiso de Caspe, Jaime de Urgel o Jaime de Aragón como él prefería que le llamasen.
El halo romántico en ese caso se apoya en la razón sentimental de la nacionalidad catalana. Jaime de Urgel era el príncipe indígena, el que correspondía a la familia de raigambre local. Fernando de Antequera llegaba de Castilla; hablaba otra lengua, tenía otras costumbres. En el compromiso de Caspe vieron siempre los historiadores catalanes la gran traición a los ideales patrios, la venta a los intereses castellanos de una tierra catalana y de sus críticas no se salva ni la venerada figura de San Vicente Ferrer, uno de los propulsores de la candidatura fernandina.
Jaime se equivocó a menudo. Llevó mal la campaña "publicitaria", permitió que la muerte de un arzobispo, el de Zaragoza, se atribuyese a sus partidarios; cuando perdió la elección emprendió el peor camino posible: en lugar de desafiarla desde el primer momento como con mayor derecho, dudó, vaciló y por fin prestó pleito homenaje a cambio de casar a su hija con el primogénito del rey Fernando. Apenas firmado el acuerdo, esas malas compañías, esos consejeros que siempre están junto a los poderosos le hablaron de posibles alianzas con extranjeros, como el inglés duque de Clarence que le ayudaría a recuperar un trono injustamente usurpado.
Se había levantado el estandarte de la rebelión y Loarre era su centro. Desde allí se tomaron nuevas fortalezas y se desafió abiertamente a Fernando de Antequera. La ayuda extranjera no se materializó, pero sí la reacción real. Fernando llamó a sus huestes y empezó la campaña...
Desalojado de Loarre, el conde de Urgel fue a encerrarse en otro castillo, el de Balaguer ...Los del rey llevaron grandes bastimentos que se colocaban, castilletes que superaban en altura a las murallas y desde las que se podía disparar dentro de los muros y hacer mucho daño. El conde de Urgel llegó a la desesperación. Por fin pediría a su esposa, tía del rey, que intercediese. La Crónica de Juan II cuenta la triste, humillante escena. Una mujer que intenta ver al rey, el rey que lógicamente se niega al chantaje sentimental y dice que no tiene por qué escuchar su recado, una esposa que a pesar de todo sigue su camino "la cual estaba preñada e iba en andas". El rey por fin la recibió con quejas del marido que había levantado pendón de rebeldía y disparado contra él y los suyos, "¿Pues cómo queréis vos, tía que tales cosas pasen sin escarmiento? Que esto que vos pedís ni es servicio a Dios ni place a Nuestra Señora por reverencia de la cual lo suplicáis." Pero ella siguió de rodillas ante él hasta que consiguió que fuera salva la vida de don Jaime.Y efectivamente salvó la vida, pero no el honor, como en la frase típica de otro rey.
Fernando no podía dejar a un rival tan peligroso en una zona en que tenía tantos partidarios y así le envió prisionero a Castilla, y el conde "cuando vio que le llevaban camino de Castilla se enojó tanto que se dejó caer de una acémila en que lo llevaban tratando de quitarse la vida".
El prisionero fue trasladado al castillo de Urueña; de allí pasó al de Moray, Castro Zorafe en Zamora para terminar su prisión con su vida en el de Játiva, en 1433, tras veinte años de cárcel.
Y concluye el cronista, quizá Alvar García de Santa María que, como vivía de la magnificencia real, tenía que estar siempre a favor de las instituciones: "Gran ejemplo es este al enseñarnos que todos los hombres deben cuidarse de no hacer nada contra su señor, mayormente los grandes que cuando más lo son, son también dignos de represión y más peligrosa es su caída".
Quiso ser Jaime de Aragón en lugar de Jaime de Urgel y acabó siendo Jaime el desdichado.


(Fernando Díaz-Plaja)

Castillo de la Muela - Consuegra

El castillo de Consuegra (Toledo) se compone, en la actualidad, de unas ruinas formidables situadas sobre un campamento romano perteneciente a la población que fundara Trajano. El propio castillo es de planta poligonal; está dotado de unas impresionantes torres en sus ángulos y rodeado por dos circuitos de murallas exteriores, de trazado irregular.
Se llama "la crestería manchega...", forma una loma alargada y desde lo alto, por ambos lados, pueden divisarse los campos que pinta Benjamín Palencia con ocres en diez tonalidades distintas y el verde del trigo que ondea al viento.
Al castillo, para más mancheguía, le dan guardia once molinos de viento, siete de un lado, cuatro del otro; como el castillo parados, como el castillo, inmovilizados en el tiempo.
El castillo está en la línea de lo que muchos años fue frente de batalla con los musulmanes. Frente a sus muros se trabó la fuerte batalla en la que los almorávides vencieron a Alfonso VI como un símbolo nuevo mundo guerrero que traían.
El castillo de Consuegra había formado parte de la dote que la princesa Zaida -luego Isabel- llevó en su matrimonio con Alfonso VI.
Sí, porque en la Reconquista, y contra lo dice la mayoría de libros para niños, los cristianos y los musulmanes, en lugar de guerrear, a menudo, se abrazaban y aun matrimoniaban. Zaida era hija de Mutamid de Sevilla, el rey poeta, el que mezclaba, a la árabe manera, el amor y la guerra."Cuantas noches pasé divirtiéndome a su sombra con mujeres de caderas opulentas y talle extenuado; blancas y morenas que hacían en mi alma el efecto de las espadas refulgentes y las lanzas oscuras."
Quizás era demasiado buen poeta para ser un rey enérgico. La cesión de Zaida al rey cristiano no le sirvió para detener la ambición de este reconquistador, y Mutamid tuvo que llamar en su ayuda a Yusuf el almorávide, el duro, el áspero Yusuf que no entendía nada de poesía. Cuando los rapsodas de la corte sevillana le colmaron de imágenes líricas, el rey le preguntó si los entendía:"No los he entendido, pero sé que piden pan."
El muelle Mutamid ha fracasado contra Alfonso VI. Yusuf toma el relevo y envía sus mejores tropas contra el rey cristiano en Consuegra.
(El castillo a las espaldas, ¡qué buena idea de la estrategia! En caso de derrota quedaba siempre la retirada adentro; lo que no habían podido conseguir las lorigas, los escudos, lo iban a hacer los gruesos muros de piedra.) En la batalla (1097) muere una esperanza de España -o quizás un desengaño-, el único hijo varón del Cid Campeador... Nos quedarán doña Elvira y doña Sol para que nos cuente sus desventuras el anónimo autor del Cantar.
¿Qué hubiera sido de ese hijo del Cid? Más peso... en cualquier escaramuza, todos mirándole, examinándole, "pelea bien, sí, pero no es como su padre, ya quisiera... Sí, en realidad, quizá tuvo suerte cayendo en la batalla:"...mi hijo se quedó muerto solo en mitad de un campo con las grandes palabras por almohada" es el responso de Jimena según Gala...Dejemos de soñar ... El rey Alfonso ha sido derrotado y se mete en la fortaleza. Los almorávides no pueden con ella, se retiran. Tocará a la oleada siguiente, la de los almohades, el dominarla. Y en otro paso de ese rigodón guerrero que es la historia de la Reconquista, será un nuevo rey castellano, Alfonso VII, el que lo recupere definitivamente para el mundo cristiano. La cede a unos hombres mitad monjes y mitad soldados que se llaman los caballeros de la orden de San Juan de Jerusalén. A ellos tocará defender este castillo y estas tierras contra los nuevos ataques de la morisma.
 
Fernando Díaz-Plaja

Castillo de Clavijo


Castillo de los llamados roqueros, se alza esta fortaleza sobre la peña que da nombre a la población y al mismo castillo. Su planta se adapta al terreno sobre el que se asienta, es de forma alargada y no quedan casi rastros de las dependencias interiores. El ingreso, se hace por una empinada cuesta, a través de una puerta con arco de herradura situada en la parte más baja del castillo, batida tanto desde la derecha como de la izquierda. Es la zona que da al pueblo la más fortificada y mejor conservada, pues el lado oeste da a un grandioso precipicio que hace innecesaria la construcción defensiva.
Consta de tres torres semicirculares, dos de ellas macizas, mientras que la del extremo no lo es. A la derecha del ingreso existe otro cubo semicircular y dominándolo todo se alza la muy deteriorada torre del Homenaje, aquí hay un rellano donde se ven restos de las dependencias anejas a esta torre, que presentan un aparejo más antiguo que el resto de la construcción. Al norte y sobre el espolón rocoso cierra un paño largo que finaliza con una torre circular maciza.
Aún conserva las almenas originales y donde no, se han rehecho. Al lado de este último paño existe un aljibe excavado en la roca al cual se accedía por puerta abierta en ese reducto donde se ubica la torre del Homenaje.
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Parece ser que la batalla que enfrentara a Ramiro I y los musulmanes en las inmediaciones del cerro de Clavijo ni siquiera tuvo lugar. Menos aun se puede creer en la leyenda que cuatro siglos más tarde forjó el arzobispo Rodrigo, según la cual se aparecíó el apóstol Santiago vestido de blanco, sobre corcel del mismo color que al grito de «¡Santiago! ¡Santiago! ¡Cierra España!» y confirió a los cristianos un valor guerrero inusitado que les permitió causar a los musulmanes entre 60.000 y 70.000 bajas.
Pero fue años más tarde, en la segunda mitad del siglo IX, cuando tuvo lugar una batalla cerca del cerro de Clavijo, en Albelda, entre las huestes de Ordoño I y los musulmanes de Musá Ibn Musá.
La primera noticia que se tiene de este castillo es del año 960, cuando el primer conde de Castilla, Fernán González, ha de enfrentarse a los navarros y musulmanes en defensa de su yerno Ordoño IV, casado con su hija Urraca de Castilla tras ser repudiada por Ordoño III. Vencido y hecho prisionero en San Andrés de Ciruelos por Sancho I, el Gordo, fue conducido al castillo de Clavijo.
Hay que trasladarse al año 1033 para encontrar más noticias sobre este castillo. Sancho Garcés III el Mayor rey de Navarra en las postrimerías de su reinado donó la fortaleza al Monasterio de Albelda junto con otras posesiones. En el año 1177 el castillo y la villa pertenecen a la corona de Castilla, siendo reclamados por Sancho VI el Sabio rey de Navarra al rey Alfonso VIII el de las Navas alegando antiguos derechos.
Al comienzo del reinado del rey de Castilla y León Sancho IV el Bravo, hace donación del castillo, así como de la villa, al Concejo de Logroño para un siglo más tarde volver a estar en posesión del Monasterio de Albelda. Finalizando el siglo XIV la población y el castillo pertenecían al Justicia Mayor del Reino de Castilla, don Diego López de Zúñiga, quien lo entregó como regalo de bodas a su hijo Iñigo, que casaba con Juana de Navarra.
En 1476 la familia de los Zúñiga lo vendió al conde de Aguilar, señor de Los Cameros.

Castillo de Aledo


Castillo del siglo XI, reparado después. Las murallas, bien conservadas en parte. Aspecto pintoresco de conjunto. En excelente conservación la torre grande o la Calahorra, practicable al interior hasta su almenaje de gran panorama.
Sufrió larguísimo asedio en tiempo de la invasión almorávide. En este castillo escribió Alfonso X el Sabio una de sus notables leyes de las Partidas. Y en él también se refugiaron los caballeros portugueses de la corte de don Alfonso, quedieron origen a la familia Aledo, de Murcia.
Es famoso este castillo por la forma en que lo conquistaron los castellanos en 1085, al mando de García Jiménez, y también por haber resistido, más tarde, un durísimo asedio, de cinco años de duración, por las tropas árabes de Yusuf-Ben-Texufin. Las antedichas murallas son de argamasa y mampostería, con reparaciones posteriores de diversas épocas.
Más intacta se conserva la puerta del Arco, flanqueada por cubos prismáticos, y la Calahorra, o gran torre del homenaje, que es de planta cuadrangular y tres cuerpos superpuestos, con miras o caminos de secretas salidas.
(Datos de "Castillos de España" de Carlos Sarthou)

Castillo de Montjuich


La capital del principado, por su gran área, tuvo para su defensa los castillos del puerto y de la ciudad, las puertas fortificadas (alguna romana, que aún perdura), el Portal Nou, con su puente colgante sobre foso, las murallas con sus baluartes y el viejo y nuevo castillo vizcondal.

Pero su más formidable defensa fue y sigue siendo el castillo de Montjuich, en la cumbre del monte marítimo que se eleva al sudoeste de la ciudad. Vino a suceder, en el siglo XVIII, a una antigua torre, y a aquel castillo, hecho a causa de la guerra con Castilla, sucedió otro más fuerte y seguro. Ocupaba un cuadrilátero de cerca de 100 metros por lado, que fue agrandado durante la guerra de la Independencia. Puede decirse que el verdadero castillo de Montjuich, sucesor de la antigua torre vecina del castillo de los Judíos, del mismo monte, arranca de fines del siglo XVII, inaugurándose con la guerra de Sucesión habida entre don Carlos y don Felipe. Entonces quedó el primitivo castro como reducto interior. Tenía tres baluartes mirando a tierra y una línea o cortina almenada mirando al mar. Al mediar la centuria XVIII, derrocóse el castillo viejo, que tenía poco más de un siglo de existencia, respetándoseuno de sus baluartes, modificando otro y construyéndose dos más, así como las nuevas lunetas de mar y de tierra; se levantaron otras cortinas de murallas, extendiéndose la de la puerta principal a 69 metros de longitud. Hay fosos y valladares, con escarpe y contraescarpe; cisternas, subterráneos, reductos, calabozos, etc. A fines del dicho siglo XVIII estaba artillado con ochenta y seis cañones, distribuidos en la siguiente forma: seis en el baluarte de San Carlos, catorce en el de Santa Amalia, veinte en el de Velasco, diez en las cortinas, nueve en Lengua de Serpiente, cinco en la luneta de mar y ocho en la de tierra, diez en Hornaverch, cuatro en los flancos, etc., más varios obuses y morteros, sumando en totalveinte piezas de artillería.

Resulta, como dice un popular diccionario, un fuerte abaluartado de planta poligonal irregular, con un rebellín y un hornabeque en el frente sudoeste, delante del cual se levanta la obra avanzada denominada Lengua de Serpiente. Se ingresa en el primer recinto del castillo por una puerta con rastrillo, y se sube al segundo recinto por dos rampas abovedadas, después de haber atravesado el puente de entrada. Tiene una plaza porticada, pabellones, habitaciones para el gobernador de la fortaleza y cuartos para la oficialidad; cuarteles, hospital, prisiones, polvorín, depósito de víveres y dos cisternas para agua pluvial. Sobre el terreno del edificio se levanta una torre para señalar (desde el siglo x) embarcaciones a la vista.

La montaña fue fortificada por vez primera en 1640, cuando la sublevación de Cataluña contra Felipe IV. Los catalanes, dueños de la fortaleza, derrotaron al marqués de los Vélez, que la quiso atacar con catorce mil infantes y cuatro mil caballos. En 1651 fueron también vencidas las tropas de Felipe IV ante las defensas de Montjuich.

Cuando la guerra de Sucesión, en 1705, ocupó esta fortaleza el ejército de Felipe V; pero fue desalojado de ella por las tropas del archiduque Carlos de Austria. Al levantarse el sitio de Barcelona fue cuando empezaron las obras del actual castillo. En 1808 se apoderaron traidoramente los franceses de Montjuich, ocupándolo hasta marzo de 1811, en que lo evacuaron, atacados por el general Manso. Finalmente, en 1848, el general Espartero, desde este castillo, bombardeó a Barcelona, sobre la cual arrojó, en trece horas, mil cuatrocientas bombas.

(Datos de "Castillo de España" de Carlos Sarthou)

sábado, 13 de diciembre de 2008

Castillo de Javier (Navarra)


En 1223 el infante Fernando de Aragón entregó al monarca navarro Sancho el Fuerte la villa y fortaleza de Javier, que pasó a formar parte del Reino de Navarra definitivamente.
Su castillo, el Castellar, fue un castro de la Edad del Hierro habitado hasta la alta Edad Media. A finales del siglo X o principios del siglo XI, se le sumó una torre de señales, alrededor de la cual fueron añadiéndose los diferentes cuerpos del castillo mismo.

Este castillo, llamado Echeverría o Exavierre (casa nueva), fue encomendado en 1092 al teniente de Aibar, completándose su construcción en el siglo XIII. Fue centro de señorío de la familia Ladrón, que lo empeñó al monarca Sancho el Fuerte por dos años, a cambio de un préstamo.

Una vez recuperado, fue traspasado al infante Fernando de Aragón, que volvió a empeñarlo por otro préstamo del rey navarro.

En 1237 Teobaldo I lo cedió de por vida al caballero Adán de Sada a cambio de vasallaje. Pasó por otras manos, hasta que el 7 de abril de 1506 nació allí san Francisco Javier, hijo de María de Azpilkueta, hija a su vez de un cabecilla agramontés.

En 1512 el cardenal Cisneros ordenó la demolición de las estructuras militares y defensivas del castillo, debido a la oposición de la familia a la anexión del reino navarro a Castilla.

Se arrasaron los muros exteriores, se rebajaron las torres y se cegaron los fosos con las piedras de almenas y adarves; se inutilizaron los matacanes y saeteras, y se convirtió el castillo en palacio o casa señorial.

A finales del siglo XIX fue objeto de una restauración, corregida a mediados del siglo XX con el objeto de devolverle su antigua fisonomía.

El Castillo de Javier es un entramado arquitectónico construido en piedra perfectamente labrada, colocada y unida para dar una sensación de estructura férrea y compacta. Junto al castillo, se construyó una iglesia neorrománica con la misma piedra que la del castillo, para que no rompiese la armonía del conjunto.

En la actualidad se encuentra restaurado y convertido en la casa-museo de San Francisco Javier desde 1901, pues, anteriormente, había sido desmantelado. Son escasos los castillos que, como este, conserven tan completas sus defensas y todas las estructuras que lo componen.

Castillo de Marcilla


Características generales

El monumento histórico más importante de Marcilla es su castillo. En sus principios fue fortaleza defensiva, después castillo palaciego y terminó siendo una confortable mansión señorial. De recios muros, contaba con torres de esquina, teniendo en el centro otra más elevada y esbelta, pero menos gruesa, provista de airosas almenas y anguladas saeteras. En la obra de fábrica podían verse la piedra y el ladrillo, aunque éste corresponda a épocas más próximas a la actual. Las saeteras abundan no solamente hacia el exterior, sino también hacia el interior y el amplio patio de armas. Tenía los muros exteriores en talud y, por todas partes se abrían arcos y ventanales en ojiva. Todavía se conserva una buena parte de los fosos sobre los que se cernía el puente levadizo. Al lado exterior de las torres mostraba águilas negras con alas y garras abiertas, hasta que, años después de la celebre batalla de las Navas de Tolosa, fueron sustituidas por las cadenas del Rey Sancho el Fuerte.

Historia

La fortaleza señorial que aún puede admirarse en el centro de la localidad se edificó, al parecer, en los últimos años del reinado de Carlos III el Noble. En 1424, este monarca dio a Mosén Pierres de Peralta materiales para las obras, y poco después, mil libras con el mismo fin. Hacia 1429, Juan II y Doña Blanca dieron al citado Mosén Pierres el señorío de la villa. Desde que en 1513 Fernando el Católico instituyó el marquesado de Falces a favor de don Alonso de Peralta, fue este castillo núcleo y cabeza de dicho marquesado, uno de los estados o señoríos más importantes y dilatados del Reino. En 1788, el licenciado Ricarte envió un informe descriptivo a la Academia de la Historia. La armería del castillo contenía numerosas adargas, petos, morriones, picas y todo género de armas y arneses. En la cámara del marqués se guardaba antiguamente la famosa Tizona del Cid y en la capilla se veneraba una Santa Espina y se conservaba "un dinero de los que fue vendido Nuestro Señor". En 1820, un ayuntamiento liberal hizo demoler "unas garitas que estaban donde la plaza principal... y un fortín que al parecer sirvió de cuerpo de guardia y es de figura de un cubo".
El castillo, palacio, hermoso ejemplar de fortificación gótica, fue construido en ladrillo sobre taludes de piedra, que pudieran datar de época anterior (los diferentes colores y texturas indican las diferentes fases de la obra). Los fosos que le rodean indican su carácter de fortaleza. En los cuatro ángulos del cuadrado se elevan unos fuertes torreones prismáticos. Existen otros que interrumpen el centro de los muros, salvo el del sur que ha sido sustituido por una galería. Hacia 1980, el castillo fue adquirido por la Diputación para su restauración.

Leyenda

Visita el apartado de leyendas para conocer la historia de la heroína navarra, doña Ana de Velasco, Marquesa de Falces, señora de este castillo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Castillo de Alfajarín (Zaragoza - Aragón)



El castillo de Alfajarín se encuentra sobre una cumbre de los Montes Blancos, junto a la ermita de la Virgen de la Peña, en el término municipal de Alfajarín, en la provincia de Zaragoza, a 15 kilómetros al este de la capital, por la carretera A-2

Historia

El castillo de Alfajarín fue construido en el siglo XI por Aben Alfaje, al que también se le atribuía la construcción de la Aljafería, y que se ha identificado con el rey de la taifa de Zaragoza al-Muqtadir, de la dinastía de los Banú Hud. Su función sería la de vigilancia de la ribera del Ebro y protección de la Zaragoza desde el este.
Con la ocupación de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1118, Afajarín y su castillo se rindieron al avance cristiano (1119) al igual que todas las poblaciones circundantes.
Poco después volvió a manos musulmanas y en 1131 fue tomado de nuevo por Alfonso I poniendo como tenente a Fortún Galíndez. Tras la batalla de Fraga y la muerte de Alfonso I Batallador, en 1134, volvió a poder de los almorávides, siendo reconquistado definitivamente en 1141, durante el gobierno de Ramón Berenguer IV. Desde entonces el castillo estuvo en el régimen de tenencias hasta 1196. En 1141 su tenencia fue concedida a Rodrigo Abarca, en 1143 fue de Gómez, en 1159 de García Almoravite, y en 1194 de Berenguer de Atienza.
Desde fines del siglo XIII y hasta finales del siglo XIV perteneció a la baronía de los Cornel, a raíz de la donación hecha en 1293 por Jaime II en la persona de Pedro Cornel, capitan general del reino, a cambio de Javierregay y de otras poblaciones.
En torno a 1379, uno de sus descendientes, Luis Cornel, contrajo matrimonio verbal con Doña Brianda de Luna, esposa de Lope Ximénez de Urrea y cuñada de Pedro IV el Ceremonioso, y tuvo un hijo con ella mientras ésta estaba pendiente de la anulación de su matrimonio por no haberse consumado el mismo en más de cuatro años de convivencia. La sentencia final del abad de Montearagón dio la razón a Lope Ximénez de Urrea no anulando el matrimonio y provocando entonces un sangriento enfrentamiento entre los Cornel y los Urrea. Brianda y Luis se habían refugiado mientras tanto en el castillo de Alfajarín. Durante el conflicto los Urrea, que contaron con el apoyo del rey Pedro IV, arrasaron las tierras y propiedades de los Cornel en Nuez, Villafranca, Osera, Letux, Cabañas y Azuer. Finalmente, el rey llamó a Cortes a los contendientes pero Luis Cornel no se presentó y entonces Pedro IV asedio e incendió el castillo de Alfajarín en 1383. En 1391 se anuló por fin el matrimonio de Brianda de Luna y Lope Ximénez de Urrea y los amantes pudieron casarse. No obstante la tradición oral cuenta que tras destruirse el castillo de Alfajarín Luis Cornel fue desterrado y Brianda de Luna encerrada en un monasterio de por vida.
Tras extinguirse la baronía de los Cornel fue comprado por diferentes personajes entre los que se conoce a Juan de Mur en 1437, Juan Coloma, y Miguel Gilbert en 1480. Más tarde fue adquirido por Ramón de Espés, pasando años más tarde a los Alagón, manteniéndose en su posesión hasta la extinción de la dinastía, cuando su hija Ana se unió matrimonialmente al conde de Sástago. Desde entonces el castillo quedó abandonado y su ruina progresa a través de los siglos.

Descripción y características

Su estructura conforma una planta irregular asimilable al pentágono cuyos ejes miden aproximadamente 100 por 60 metros, ocupando un espolón yesoso sobre la ribera del Ebro y defendido por acantilados naturales excepto por los lados norte y este, donde se construyó un foso defensivo para proteger la entrada, con acceso por puente levadizo y defendida por dos torres.Una de las torres contenía la puerta de acceso, de arco apuntado revestido de ladrillo, que estaba situada formando un recodo, y en la actualidad muy deteriorada.
La otra torre destaca por su volumen y pudo ser una adición de los Cornel, pues presenta detalles góticos típicos de su tiempo tales como planta cuadrada, de unos 6 metros de lado, y gran altura. Interiormente se estructuraba en dos plantas superpuestas cubiertas ambas por bóvedas de cañón apuntado, de las que la de la planta baja ha desaparecido. Posee dos puertas y una ventana en arco apuntado situadas en la cara que mira a intramuros.El muro del lado norte es el que mejor se conserva, en él se abre un portillo que lo une a la Torre del Homenaje, vigilado a su vez por un torreón rectangular. En su extremo del este presenta otro torreón pentagonal muy deteriorado. En toda su longitud está defendido por un foso artificial, desde el que se asciende hasta el portillo por escalera excavada en la roca viva.
El muro sur ya ha desaparecido, pues nacía directamente sobre el borde del acantilado siguiendo su contorno, al ser un terreno movedizo falló su cimentación.Fue reforzado en el siglo XIV, cuando se construyó la Torre del Homenaje, situada sobre un espolón del muro oeste. Es de grandes proporciones pero sólo conserva dos paredes de gran espesor y el arranque de una tercera. Su planta es rectangular de 14 por 10 metros, y su obra de tapial árabe con revestimiento de ladrillo macizo hasta media altura. El acceso desde el patio de armas se hacía por una escalera adosada al muro del sur que llevaba hasta una puerta en doble arco, sobre esta pared se abren los huecos de las antiguas ventanas que miran hacia el patio, dos más grandes en la parte baja y otra que iluminaba una planta superior. En la cara contigua, que mira al patio de armas, conserva un ventanal en arco de gran tamaño, que pudo ser puerta, y debajo un orden de tres saeteras, en la parte interior se aprecian restos de la chimenea.En el extenso patio interior quedan las ruinas de lo que pudo ser palacio de los Cornel, apenas compuestos por una serie de paredones informes, además de una cisterna cuadrada y algunas estancias subterráneas abovedadas de gran longitud y buen estado de conservación, están comunicadas por medio de un pasadizo con la vertiente sur.

Coll de Ladrones (Canfranc - Huesca)

Coll de Ladrones es una magnífica muestra de fuerte militar, apenas visible, capaz de cerrar el paso de la carretera por medio de la sorpresa. Situado estratégicamente sobre un peñasco, domina la entrada al valle y su finalidad era la de proteger el paso fronterizo junto con dos Torretas de Fusilería que servían de apoyo.
Su construcción se debe a la preocupación del rey Alfonso XII por el hundimiento de la economía europea y el contrabando. Así, emprende la misión de reforzar las inexistentes defensas pirenaicas y entre ellas, este fuerte es el más importante del Alto Aragón, cuyas obras se mantuvieron entre 1884 y 1889.
La inauguración de Coll de Ladrones debió de producirse en 1900, pero, quizás debido a la evolución de las armas o el comienzo de las aperturas fronterizas, tuvo una corta vida de ocupación que terminaría en 1960, fecha de cierre y abandono definitivo.
En su interior se hallan 365 escalones hacia una galería secreta de huida. La gran roca donde se asienta, vista desde Canfranc, está equipada con importantes vías de escalada. Hoy es de propiedad particular y no es posible acceder a su interior.

Castillo de Cifuentes (Guadalajara - Castilla-La Mancha)


Fue mandado construir por el Infante don Juan Manuel.
El castillo es de planta cuadrada con torres en las esquinas: una redonda dos cuadradas y la torre del homenaje pentagonal.

Estaba rodeado por un camino de ronda, y en la parte inferior, fuera del castillo había un foso. Tiene una entrada única y conserva el escudo de Don Juan Manuel que consta de una garra alada empuñando una espada y detrás un león rampante.Actualmente está en restauración, después de ser comprado por el ayuntamiento a sus dueños, que eran los herederos del Infante.

El castillo de Cifuentes es uno de los más cargados de historia, y más espectaculares de la provincia de Guadalajara. La villa estaba circundada de murallas, en las que se abrían varias puertas, enlazando con la del recinto exterior del castillo.

En el campo literario hay dos grandes figuras: el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz y don Juan Manuel, nieto de Fernando III y sobrino de la figura cumbre de la intelectualidad medieval, el rey Alfonso X el Sabio. El infante no escapó al sino de los tiempos y fue gran guerrero, político sagaz y hábil intrigante en la corte. A tal extremo llegó con sus montoneras políticas que se alió con príncipes moros de Granada para luchar contra el rey de Castilla, a la sazón Alfonso XI. Todo esto en pleno período de unificación política de España con el trasfondo de una lucha feroz contra los musulmanes. Pero como acontece con frecuencia, el paso de los años calmó los ímpetus de este hombre, y ya en plena madurez se dedicó al cultivo de las letras. Recuérdese que en él bullían los genes de un noble y brillante genio, su tío Alfonso X el Sabio, así que su obra contribuirá de modo decisivo al progreso de la prosa castellana y al fortalecimiento del idioma, que Castilla ya desparramaba por toda la península y que en 1492, al tiempo de la caída de Granada, el último bastión moro en la católica España, llegará hasta las costas de un extraño territorio que Cristóbal Colón confundirá con la India. La misma lengua iniciada en el monasterio de San Millán de la Cogolla, y cuyas primeras muestras se conservan en el códice llamado “Aemilianensis 60”.Gracias al singular cultivo de esas letras, guerrero y escritor aunados en la figura de Juan Manuel, personifican la unión de las armas y las letras, hecho que durante el Renacimiento se repetirá con una importante serie de caballeros.

La obra de este escritor debe entenderse como fundamental para apreciar el posterior desarrollo de las letras españolas. De ella se conserva sólo una parte, pues, pese a que este noble fue, según dicen, muy meticuloso, al extremo de guardar cuidadosamente cada uno de sus textos en un monasterio, parte importante de ella se perdió en el incendio del convento.
Pero los hados permitieron la conservación de copias de alguna de ellas y, en especial, del “Libro del Conde Lucanor”.

Palacio de Aranjuez (Madrid)


El origen del Real Sitio de Aranjuez se remonta nada más y nada menos que a la Edad Media, época en la que un maestre de la Orden Militar de Santiago mandó construir un palacio, que más tarde pasó a formar parte de las posesiones de los Reyes Católicos. El interés que siempre demostró la monarquía española por este emplazamiento se ve aumentado en cierto modo durante la dinastía borbónica, aunque no debemos olvidar que, además de Fernando el Católico,también su nieto, Carlos V, y el sucesor de este último, Felipe II, contribuyeron al desarrollo del lugar. Felipe II incluso propuso en 1560 hacer un nuevo palacio que sustituyese al antiguo. Se comienza de este modo la construcción del que vino a denominarse Nuevo Palacio o Cuarto Nuevo, según planos trazados por Herrera, prestigioso arquitecto español al que debemos la espléndida obra de El Escorial, levantado, como ya es sabido, para el monarca Felipe II. Además del mencionado Cuarto Nuevo, a Felipe II le debemos la inauguración del primer jardín botánico. A pesar del interés mostrado por este rey hacia el Real Sitio de Aranjuez, la fortuna no acompañó a sus construcciones, víctimas de un nefasto incendio que acabó con ellas en el año 1665, habiendo llegado hasta nosotros de todo aquel complejo palaciego únicamente la torre del lado sur, hoy en día muy modificada en su aspecto exterior con respecto a su imagen primitiva.

En este ambiente desolado será dónde nuestro primer Borbón, Felipe V, decida continuar los planos de Herrera, cuyas obras se comenzaron en 1715. Para ello hubo de ser derribado el palacio maestral de época medieval, para levantar otro cuerpo, cubierto por cúpula, parecido al existente en el lado norte. En el lado este se construyó el actual cuerpo del edificio con el gran patio central.

También Carlos V aportó su granito de arena a la configuración del actual complejo palacial. El nuevo monarca amplió la construcción con dos alas más hacia poniente, ambas forman lo que hoy conocemos como plaza de armas. En el extremo del ala derecha se levantó la iglesia palatina, en el extremo del ala izquierda se planteó la construcción de un teatro que nunca llegó a levantarse. Durante los reinados de Carlos III y de Carlos IV Aranjuez alcanzará su momento de mayor auge y prestigio, convirtiéndose en uno de los lugares preferidos por la Corte para su recreo. En esta segunda mitad del siglo XVII es cuando se termina el Jardín del Príncipe y la Casita del Labrador.

A lo largo de los años fueron numerosos los maestros arquitectos encargados de planificar y dirigir las construcciones. Juan Bautista de Toledo es el primero de ellos, reemplazado a su muerte por Juan de Herrera. De su construcción sólo nos ha llegado la torre anteriormente mencionada, en la que a pesar de su estado actual, se puede apreciar la mano de su arquitecto. A partir de 1568 Juan de Herrera se pone al frente de las obras. A éste le sustituyeron diversos maestros como Marchand, Brachelieu, etc. durante el reinado de Fernando VI. Pero será Santiago Bonavía, que empieza a trabajar en la fábrica de Aranjuez tras el incendio acaecido durante el reinado de Fernando VI, el que introduce ciertas novedades respecto al primer proyecto trazado por Herrera. Así, en la fachada de marcado caracter herreriano introduce algunas novedades como la colocación de las estatuas de los monarcas Felipe II, Fernando VI y Felipe V. Además construyó la escalera principal del palacio, que había quedado muy dañada tras el horrible incendio. Para ello, Bonavía acrecentó la fachada central a siete vanos y cuatro pisos. También participó en la capilla de San Antonio, construyó una presa y diversos puentes sobre el Tajo, y fue el encargado de dirigir la remodelación y redecoración de algunas estancias y habitaciones.

Finalmente es ineludible citar la actuación de Francisco Sabatini, al que debemos la proyección de las dos alas laterales del palacio.

El palacio quedó constituido en su parte central por dos pisos: uno primero de ventanas y otro de balcones que se abren en paramentos de ladrillos rojos flanqueados por pilastras de piedra blanca de Colmenar. Estos dos materiales se repiten a lo largo de todo el edificio. El conjunto, en su totalidad, aparece rematado por una bella balaustrada, igualmente realizada en piedra de Colmenar. Dicha balaustrada se ve interrumpida hacia la mitad de cada una de las alas laterales, donde se levanta un frontón rectangular rematado por trofeos guerreros y una inscripción en la que se nos informa de la fecha de inicio y terminación de la obra.

El cuerpo central está dividido en tres pisos en la parte central, y dos pisos mas tejado de pizarra a ambos lados del cuerpo central, que aparece rematado con un gran frontón presidido por el escudo del monarca Fernando VI. Se corona el conjunto con una balaustrada que alberga las estatuas de los tres reyes mencionados con anterioridad. Sobre un pórtico de cinco arcos se levanta, hasta la altura del segundo piso, un terrado al que abren cinco balcones entre pilastras adosadas, de capitel dórico. En el piso superior, las pilastras son jónicas, dando una típica superposición de órdenes, y, tanto en uno como en otro, los balcones se ven rematados por frontones de medio punto que alternan con otros triangulares. En los dos frentes de poniente de las alas laterales se levantan terrazas semejantes a la central sobre arcos.

Las fachadas norte y sur son muy semejantes, se usan los mismos materiales, es decir, ladrillo alternando con la piedra blanca de Colmenar. También poseen un remate a modo e balaustrada. Ambas están construidas en dos cuerpos: uno que corresponde al alargamiento de Carlos III, formado de dos pisos y un entrepaño, y el otro, de mayor altura, tiene tres pisos terminando en un tambor con cúpula; la del lado sur corresponde a la iglesia levantada en tiempos de Felipe II.
La fachada sur posee una galería con arcos de medio punto que soporta una terraza, ésta es una de las diferencias con el lado norte. Tanto esta galería que cierra el jardín de las Estatuas, como las Casas de Oficios, se levantaron en tiempos de Felipe II.

La fachada este denota un gran saliente en la parte central que se corresponde con un gran patio levantado por Caro Idrogo siguiendo los planos de Juan de Herrera. Está rodeado por los jardines de las Estatuas, del Parterre y de la Reina.

En el interior del palacio se conservan valiosas piezas de mobiliario de distintas épocas como relojes imperiales, candelabros, tocadores etc... Además pinturas de grandes artistas como Lucas Jordán (como tres pinturas sobre la vida del rey Salomón, en la Sala de Guardias de la Reina), Brueghel (una obra llamada Florero en el Despacho de la Reina), Salvador Maella (una Inmaculada) Bayeu, Mengs (un Cristo en la Cruz en el Dormitorio del Rey), José de Madrazo, etc.

Las estancias más interesantes son: el Gabinete de porcelana, en el ángulo noreste, decorada por artistas italianos con motivos vegetales, animales, geométricos etc. además de grupos de figuras chinescas sobre las ménsulas de influencia francesa.

Constituye una obra capital de la Fábrica de porcelana de los Jardines del Buen Retiro, establecida en 1960 por Carlos III. En el ángulo sureste se encuentra el famoso Salón de los Espejos, decorado y amueblado bajo la dirección de Juan de Villanueva, a base de una decoración menuda con influencia del típico "grutesco" del siglo XV. Es la sala mejor conservada y la más espectacular de la obra de Carlos IV y María Luisa. Resulta curioso el Gabinete Árabe, decorado en época de Isabel II por Rafael de Contreras, granadino que se inspiró en la sala de las Dos Hermanas de la Alhambra.

Varios jardines servían de paseo y entretenimiento, con sus fuentes y estatuas de tradición clásica, al mundo cortesano de la época.

Entre ellos el Jardín de la Isla, el Jardín interior de Felipe II, o el Jardín del Parterre, realizado entre 1718 y 1746, adornado con cuatro estanques con grupos escultóricos en el centro, obras de Joaquín Dumandré. Pero sin duda alguna el más característico de los jardines del Real Sitio de Aranjuez es el del Príncipe, situado entre el Tajo y la calle de la Reina, en sentido horizontal, y entre los Puentes de las Barcas y de la Reina, en sentido transversal. Se construyó en época de Carlos III, y fué realizado en parte, por Juan de Villanueva. Al final de este Jardín se construyó un palacete neoclásico, obra de González Velázquez, conocido como la "Casa del Labrador". Su decoración es una mezcla de neoclasicismo, el estilo imperio, el rococó, e incluso, el pompeyano.

Palacio de Rajoy (Santiago de Compostela - Galicia)


Santiago de Compostela debe su aparición y posterior desarrollo a las Peregrinaciones que se hacían a la tumba del apóstol Santiago el Mayor. En el siglo IX (813) no era más que un insignificante lugar llamado Libredón, que se encontraba en el obispado de Iria Flavia (actual Padrón) y que estaba regido por el obispo Teodomiro (847). Fue entonces cuando se descubrió la tumba del apóstol, hecho que tuvo una gran repercusión en toda la Cristiandad. Por este motivo, Alfonso II y Alfonso III hicieron erigir importantes iglesias en el lugar, mientras que en los monasterios de Antealtares y Pinario se custodiaban las reliquias y se rendía culto al apóstol.

En el año 997 todo esto fue destruido por Almanzor, y posteriormente lo reconstruyó san Pedro de Mezonzo (985-1003). En esta época, la Sede Episcopal que dependía de Roma, se traslada a Compostela.

Ante la gran afluencia de peregrinos, se multiplican las construcciones religiosas y asistenciales. Es un período de gran esplendor. En 1120 le es otorgada la categoría metropolitana, y en 1181, el Papa Alejandro III inaugura el Año Jubilar Jacobeo, similar al romano.

Desde el siglo XVI, la Universidad de Santiago empieza a ganar un gran prestigio en España.

Actualmente, Santiago es la capital de la Comunidad Autónoma de Galicia, sede de su gobierno y parlamento.

En 1940 es declarado Conjunto Histórico-Artístico, y en 1985 el Comité para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural y Natural de la UNESCO, lo declaraba Patrimonio Cultural de la Humanidad. En ese mismo año, el Consejo de Europa le otorgaba a la ciudad el Premio Europa Nostra.

En este conjunto de monumentos tan destacables se encuentra el Palacio de Rajoy, también conocido como Consistorio, que viene siendo considerado como la construcción mas importante de la segunda mitad del siglo XVIII en Santiago deCompostela. Se encuentra situado en el centro neurálgico de la ciudad, en plena plaza del Obradoiro, frente a la fachada principal de la catedral.

El arzobispo don Bartolomé Rajoy y Losada lo concibió como seminario de confesores de la catedral y niños del coro, para Consistorio y cárcel, por lo que este edificio no se puede estudiar aislado, sino teniendo en cuenta otros factores que rodearon a su construcción.

A mediados del siglo XVIII, el Barroco está muriendo en Galicia, lo que provoca frecuentes discusiones entre los arquitectos que estaban arraigados a este estilo y los que se adhieren al neoclasicismo naciente, que tiene el máximo exponente en el director de la Academia de Bellas Artes de Madrid, Ventura Rodríguez. Desde ahora, todos los proyectos serán supervisados en Madrid, por lo que la fantasía de los arquitectos gallegos se verá depurada por la corriente academicista.

El edificio está sometido al ambiente artístico que era tradicional en Santiago, ya que es de grandes dimensiones, tiene todos sus elementos proporcionados y se halla inmerso en la corriente que domina todas las bellas y monumentales construcciones de la plaza del Obradoiro.

El proyecto inicial para la construcción de éste palacio data de 1764, y es llevado a cabo por Miguel Ferro Caaveiro, hijo de Lucas, el último representante importante gallego del estilo barroco, una de cuyas principales obras fue el cuerpo bajo de la fachada de la Azabachería de la Catedral. Su hijo está ya impregnado de las nuevas ideas académicas, pero su proyecto será muy transformado por el nuevo encargado de las obras, el ingeniero francés Carlos Lemaur, que vino con el Marqués de la Ensenada.

Se nombró director de las obras al maestro Fray Gabriel de los Mártires, siendo una muestra de la influencia del neoclasicismo francés. El esquema de la fachada principal está basado en una sobria ordenación arquitectónica. El cuerpo inferior se compone de un soportal corrido formado por arquerías en los laterales y dinteles en los cinco vanos centrales, sobre los que aparece el gran pórtico. Este pórtico esta formado por 6 columnas jónicas de gran módulo y empotradas, que se coronan por un frontón de grandes proporciones.

En las esquinas, en los dos cuerpos superiores aparece también este sistema, pero presentando sólo 4 columnas y un frontón espectacular. El que remata el pórtico central representa el tema de la batalla de Clavijo, en la que Santiago Apóstol, como un guerrero más encabezó las tropas hispanas para vencer a las musulmanas. Esta escena fue dibujada por Gregorio Ferro Requejo, que era un pintor de Carlos IV, y fue realizada en mármol blanco por José Gambino, y sobre todo por José Antonio Ferreiro Suárez, importantísimo representante del esplendor de la moderna escultura gallega que fusionaba la etapa barroca con la académica. Llama poderosamente nuestra atención el apóstol a caballo, que como una acrótera remata el frontón.En el interior, el palacio ofrece amplias y dignas escaleras, salones y otras dependencias auxiliares.

Castillo de Davalillos (San Asensio - La Rioja)


El Castillo de Davalillo de estilo románico, se encuentra sobre un cerro a orillas del río Ebro a 5 km de la villa de San Asensio en La Rioja (España). Junto al cerro se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Davalillo, que debió ser la iglesia del poblado desaparecido de Davalillo.

Desde el castillo se divisa la zona de La Sonsierra y buena parte de la Rioja Alta, siendo un lugar estratégico junto al castillo de Briones para proteger La Rioja de los ataques navarros que se podían producir con facilidad a través del puente fortificado de San Vicente de la Sonsierra.
Historia

Es probable que fuese construido durante el reinado de Alfonso VIII entre finales del siglo XII y comienzos del siglo XIII, para proteger Castilla de los ataques navarros que se producían a través del puente de San Vicente, al reivindicar esta última La Bureba, La Rioja y parte de las tierras de Soria, que habían pertenecido a su corona, pero que se encontraban en poder de los castellanos desde que fueron conquistadas por Alfonso VII. Lo seguro es que no fue construido antes de 1177, ya que no figura en la lista de castillos fronterizos de la zona, elaborada por Sancho VI.

En 1367 aparece citado por primera vez, cuando Enrique de Trastámara pactaba con Carlos II de Navarra en Santa Cruz de Campezo que no debía dejar pasar por su territorio a Pedro I el Cruel ni al Príncipe Negro. A cambio Enrique entregaba al rey navarro varios castillos, entre ellos éste, el de La Guardia, el de San Vicente y el de Buradón.

En 1389 pertenecía a los Manrique. En el testamento de Pedro Manrique de Lara de 1440, dejaba a su hijo Diego Martín Manrique (primer conde de Treviño) la tenencia de los castillos de Davalillo y Bilibio y a la muerte de éste en 1458, pasarían a su segundo hijo también llamado Diego.

La tenencia del castillo estuvo vinculada (aunque era propiedad real) a los Manrique, duques de Nájera, hasta al menos 1656, cuando murió Francisco María Monserrat, octavo duque de Nájera, pero desde 1465 los poblados de Davalillo y San Asensio fueron comprados por María Enríquez, de la familia Velasco, encontrándose estos enfrentados con los Manrique, lo que provoco disputas que como consecuencia llevaron al movimiento de población de Davalillo a San Asensio hasta la completa despoblación del primero.

(Datos de Wikipedia)

Castillo de Nieva de Cameros (La Rioja)


EI castillo de Nieva de Cameros se levanta sobre un peñasco, en el alto que domina el pueblo por el N-E. Lo que hoy quedan de él son paredes ruinosas de mampostería, con sillería en los esquinazos y algo de sillarejo, de espesores diferentes (0,82 ni. el muro E.; 0,80 m. el muro N; 0,76 m. el muro W.), formando una planta rectangular, irregular, de una torre fuerte.

Tuvo, al menos, dos suelos en su interior, quedando restos de mechinales en los muros E. y N., los huecos de dos pies derechos en este último y algún durmiente empotrado, el más bajo alrededor de 1,40 m. del suelo. Hay dos aspilleras derramadas hacia el interior, con jambas de toba y dinteles de caliza, una al lado E. y otra al S. Al N. hay una tronera labrada en un bloque de toba, cerca del ángulo N-E. El conjunto se halla defendido por una escarpe natural al S. y E., pero debió contar con otras defensas exteriores de las que hoy se adivinan restos en manipostería, varios metros más abajo, que se adaptarían al contorno del cerro en dos niveles distintos, formando una planta irregular, alargada en sentido N-S.

El lugar, como tantos otros de Cameros, debió estar relacionado con la familia de los señores de Cameros. En 1109 se cita un Fortún Ximénez de Nieva. En 1355 y 1556 hay provisiones de Pedro I al merino mayor de Castilla para que se respeten los derechos de Alfonso Téllez de Haro y su hermano Alvar Díaz, hijos de Juan Alfonso de Haro, pues el lugar había sido dado por juro de heredad por Alfonso XI. En 1579 seguía siendo de la familia cuando se ordena que se guarde a Urraca de Guzmán, hija de Inés de Haro, la merced de Nieva. Pero ésta acaba vendiéndolo en 1402, con Torre, Luezas y Arenzana, a Diego López de Zúñiga y Juan de Velasco, de quienes proceden los Condes de Nieva, señores del lugar a partir del siglo XV. A ellos habrá que atribuir lo que queda de tal castillo, pues tiene un vano para arma de fuego, aunque probablemente hubo otro más antiguo aquí.

En la jurisdicción de Nieva están las ruinas del Santuario de Santa María de Castejón que fue donado, en 1151, a la catedral de Calahorra por Sancho el Deseado. Entonces era su tenente Pedro Ximénez, seguramente el mismo señor de Logroño y de los Cameros, de la familia de los Fortuniones, y, en su nombre, Pedro Garcíez de Morcora, que gobernaría la fortaleza que sugiere el topónimo.


Fuente: Castillos en La Rioja

Palacio de López de Cogolludo (Tendilla - Guadalajara)


Viniendo desde Guadalajara por la carretera N-320, al poco de entrar en Tendilla encontramos al lado derecho, antes de la Iglesia, el Palacio de los López de Cogolludo. Sus armas aparecen en el escudo situado en lo alto de la fachada.


El Palacio fue iniciado al comienzo del siglo XVIII por Juan de la Plaza Solano, natural de Yélamos de Arriba (Guadalajara) y secretario real de Hacienda del Rey Felipe V, quien murió en Madrid en 1739. Fundó un mayorazgo que al carecer de descendencia pasó los hijos de su hermana (los López de Cogolludo). Es un conjunto de casa señorial con una capilla anexa al Palacio dedicada a la Sagrada Familia y a la que donó obras de arte, cuadros, esculturas, libros y joyas de todo tipo, tal y como aparece en su testamento recientemente encontrado en el Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Madrid.

viernes, 31 de octubre de 2008

Castillo de Bellver (Palma de Mallorca)


El castillo de Bellver, cerca de Palma de Mallorca fue construido a partir de 1309 bajo la dirección del maestro Pere Salva para Jaime II de Mallorca.

Su línea es totalmente circular: la planta, el patio interior, de dos pisos, las tres torres y los cuatro garitones. Enlazada mediante un arco ojival, se halla en su exterior la torre del homenaje, también circular, de unos quince metros de altura.

No hay en la geografía española un castillo que engañe más...

Al que llega en barco a Palma de Mallorca - hay que llegar siempre en barco, si el que arriba quiere saber lo que es un paisaje dando la bienvenida - le recibe el amplio abrazo de la bahía entre el azul del mar, el verde del bosque, el blanco grisáceo de los edificios y allá arriba, como una guinda del pastel de recepción, una fortaleza arregladita, coqueta, perfecta, sin un boquete que indique el paso del tiempo, completa en sus cubos, en las piedras de la muralla. Está tan en su puesto, combina tan bien con el paisaje que le circunda que parece que Dios, después de dibujar y pintar todo el contorno de la bahía decidiera: «Falta algo... ¡ Ya!, un castillo, un castillo en la cumbre. Como los que hacen los niños en la arena...»

Y, sin embargo, en ese castillo está el reflejo del dolor de España, del dolor físico y del dolor moral, de la injusticia social y de la injusticia intelectual. Porque el castillo de Bellver no se recuerda tanto por su historia militar como por su historia celular. Bellver no mantenía a los enemigos fuera de los lienzos de su muralla, sino dentro, en forma de prisioneros.

Por ejemplo, a lo que se llamó escoria de la sociedad, a los que se reunían allí antes de ser destinados a los barcos de su majestad, los forzados al remo: los galeotes.

«Doce hombres a pie ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos y todos con sus esposas en las manos»... Así los vio don Quijote y se asombró que el rey hiciera fuerza a la gente. Por ello se interpuso entre la justicia y sus víctimas, porque le pareció que sus delitos - robo de ropa, de caballos, celestineo, incesto- no eran como para que privasen a un ser humano de su libertad. (El agradecimiento de los liberados, como se sabe, fue darles de pedradas a él y a Sancho.)

Los que no tenían la suerte de encontrar en su camino a un «desfacedor de entuertos» venían aquí a Bellver, donde esperaban su destino, y nunca el nombre tuvo resonancias más realmente definitorias. Un destino que consistía en estar atado a un remo que había que mover a compás del grito y a veces del latigazo del cómitre.

En esto se descubrieronde la Religión seis velas;y el cómitre mandó usar al forzado de su fuerza.
...contó Góngora del cristiano que remaba para sus enemigos, como en los barcos cristianos había remeros moros.

Pero los galeotes de Bellver van en barcos suyos sirviendo al rey por cuatro, por seis, por ocho años o por toda la vida. Sufren del calor, de la sed, del hambre; si el barco en que van se hunde por tempestad o por acción enemiga, no habrá, muchas veces, tiempo de cortar sus cadenas y se hundirán con él; si es capturado por el enemigo berberisco o turco, seguirán sujetos al banco como prisioneros a no ser, como ocurría a menudo, que se pasen a la secta mahometana para obtener la libertad. Esos renegados son los peores enemigos de sus antiguos dueños. No les dan cuartel a sabiendas de que, si les capturan, tampoco lo obtendrán de los españoles.

Por Bellver pasaron muchos las últimas horas antes de ser embarcados despidiéndose de una tierra que muchos no volverían a ver si no era por encima de una borda. El dulce paisaje mallorquín fue para ellos marco de la amarga revisión de su vida: «¡Por qué lo haría...! »
Dos siglos más tarde hay en este castillo un hombre que también se pregunta sobre la injusticia humana, pero sin arrepentimiento, porque sabe que él tuvo la razón y su carcelero el error. Se llama Gaspar de Jovellanos y es uno de los ilusos que durante siglos han intentado conciliar en España algo tan dispar como tradición y evolución. Era un «ilustrado»; naturalmente fue enemigo de las dictaduras y naturalmente fue encarcelado por alguien llamado el primer dictador de nuestro tiempo: el privado real Manuel Godoy.

Sufrió condena, estudió, reflexionó largamente sobre el país y sus problemas y cuando salió tuvo que enfrentarse con un dilema impresionante. Por un lado los franceses tan ilustrados como él, trayendo el código civil, el final de la presión eclesiástica. Renovadores y modernos. Por otro la cerrazón, la inquisición, el fanatismo... pero también la Patria. Jovellanos escoge y explica así su elección al general francés que se asombraba de ello: «No lidiamos, como pretendéis, por la inquisición ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los grandes de España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro rey, nuestra religión, nuestra constitución y nuestra independencia», y promete que la nación «tiene bastante celo, firmeza y sabiduría para corregir los abusos que la condujeron insensiblemente a la horrorosa suerte que la deparaban».

Luego vino Fernando VII, las «caenas» y la inquisición, y un nuevo ilustre huésped sustituyó a Jovellanos en el dolor injusto y el escándalo de la Europa liberal. El general Lacy, héroe de la independencia, cuyo nombre queda grabado en los muros en patéticos recuerdos: «Sentado en este sitio, Lacy, desfallecido, pidió pan al centinela», y la trágica despedida para la posteridad: «Acaban de leerme mi sentencia de muerte. Tú, cualquiera que seas, si amas la Patria, acuérdate del pobre Lacy.» Fue fusilado en el patio de armas el 5 de julio de 1817.
Pero, aun así, Jovellanos no se había equivocado. Fernando había sido un español indigno, pero en la elección del escritor asturiano contaba más el primer adjetivo que el segundo. Porque la política puede cambiar - y cambió con María Cristina - pero la reforma tenía que ser española o no ser.

Bellver, el de dulce aspecto y tétrica historia, fue testigo de ello.

Castillo de Belmonte (Cuenca)


El castillo de Belmonte (Cuenca) es uno de los más hermosos que se han conservado en España. Es especialmente precioso el interior, con un patio de dos pisos de galerías ojivales, ricos artesonados, soberbias chimeneas, ventanas labradas. El propio castillo es de planta estrellada, con robustas torres cilíndricas y un doble cinturón de murallas exteriores.
Este es un castillo literario. Porque tuvo entre sus muros a escritores de fama y porque en él anidan extrañas leyendas. Aquí vivió don Juan Manuel en el siglo XIV, por ejemplo. y nunca mejor dicho por ejemplo, porque escribió un libro así llamado: “De los enxiemplos” o ejemplos. Era lo que se llama un escritor moralista. En general el escritor moralista es un hombre que propugna en sus libros la moral que él no tiene en su vida privada, lo cual, si bien se mira, tampoco es para criticar demasiado. Peor sería que, además de vivir mal, aconsejara a la gente que hiciera lo mismo... Al fin y al cabo, hay mucha más gente que lee un libro que los que saben de las andanzas de su autor, de forma que el enxiemplo del primero cunde más que el del segundo. “Haz tú lo que bien digo y no lo que mal hago” advierte Sempronio a Calisto en el primer acto de la Celestina. Y así don Juan Manuel habla en su primer cuento del fiel cortesano al que los envidiosos pusieron a mal con el rey, pero que pudo probar su fidelidad. Aviado estaba don Juan Manuel si el rey Alfonso XI le hubiera puesto igualmente a prueba. Don Juan Manuel, quizá porque, siendo nieto de Fernando III el Santo, no se sentía demasiado obligado a fidelidades con otros monarcas, jugó toda su vida a sacar lo máximo posible de ellos. Cuando uno se resistía a sus demandas, se sublevaba abiertamente contra él, y para ello le daba igual apoyarse en portugueses que en aragoneses o en granadinos, es decir en los musulmanes enemigos de su fe, para conseguir poder y prebendas.
Tampoco le importó mucho dejar que sus caballeros asaltasen y robasen a viajeros que cruzaran sus extensas tierras, siempre que le diesen parte del botín. Ni que los benimerines tomasen Gibraltar cuando el rey Alfonso XI no quiso pagar su ayuda militar con privilegios tan exorbitantes como que su ducado en tierras de Murcia fuera exento de todo tributo real y con permiso incluso de acuñar moneda. El rey tenía que jugar con esas mismas armas o ir casando familiares con los reyes aragoneses, portugueses y pagando a musulmanes para poder acabar con él.
Pero incluso cuando le venza en el campo de batalla tendrá que mantener en todas sus riquezas y posesiones al inquieto, difícil y ambicioso don Juan Manuel......Que en su libro aparece como sensato, tranquilo, lleno de sentido común.
Como en el cuento del “mozo que casó con mujer brava “ por lo que todos le daban por perdido y tanto la asustó en la primera noche que ella se humilló de forma que nadie la reconocía. (De ahí salió La fierecilla domada de Shakespeare.) O en el de doña Truhana que llevaba una olla de miel en la cabeza soñando con ganancias multiplicadas y que nosotros conocemos por la historia posterior de la lechera y su cántaro. O el de los mercaderes que hacían al monarca un paño que sólo podía ver aquel que fuese hijo de su padre legítimo hasta que un negro, al que no se le daba nada de su fama -era negro y esclavo-, desveló el cuidado secreto de que el rey iba desnudo.

Eso escribía desde Belmonte quizá; y con estos escritos probablemente sencillos, ingenuos, suaves, se distraía don Juan Manuel de su vida real de ambiciones y codicia, de sus múltiples engaños políticos.
Y en el siglo siguiente, el XV, otro asombroso propietario del castillo de Belmonte; el difícil, misterioso marqués de Villena, cuyas vueltas y revueltas hicieron bueno al tornadizo Juan Manuel. Por cada vez que éste mudó de postura política en busca del poder y la riqueza, Villena lo hizo diez. Sus saltos políticos casi marean. Protegido de Alvaro de Luna, se revuelve contra él cuando está a punto de caer su privacía con Juan II, y lo mismo hace a otro protector, Enrique IV, a quien quitará personalmente el cetro real en la humillante deposición. ¿Está pues a favor de la infanta Isabel? Sólo hasta que se entera de que ella va a casarse con Fernando de Aragón, cuando Villena y los otros nobles esperaban que lo hiciera con Alfonso V de Portugal, quien aceptaba dejar Castilla en manos de los aristócratas. En vista de que Isabel se porta así, Villena decide que se ha equivocado en su juicio anterior. Enrique IV ya no es el Impotente, como le llamaron antes. Juana es verdadera hija suya y legítima heredera del trono. Lo de «Beltraneja», por el supuesto padre Beltrán de la Cueva, no es más que una calumnia. ¡Viva doña Juana! Y cuando proclaman reyes a los que luego se llamarán “Católicos”, ofrece a la princesa asilo en Belmonte. Cómo sería de difícil y de poco fiar el marqués -con fama además de alquimista y nigromántico - que un buen día Juana la Beltraneja decidió que mejor era que no la protegiese.
Quizá para quitarle a Belmonte ese regusto de codicias, politiquerías, ambiciones bastardas, quiso Dios que unos años más tarde naciera en el pueblo un varón seráfico que, en lugar de pensar en la tierra, pensara en el Cielo; en vez de guerrear, predicara; en lugar de confundir, enseñara; en vez de guardar rencor, olvidara; el de Los nombres de Cristo, el de “Qué descansada vida -la que huye del mundanal ruido”; en fin, el que se venga de los perseguidores que le habían tenido injustamente en la cárcel Con un “decíamos ayer...”
En 1528 nació, a la sombra del castillo, quien iba a llamarse fray Luis de León.