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jueves, 16 de octubre de 2008

Castillo de Almodóvar del Río (Córdoba)


En Córdoba los castillos se suceden en la comarca de la Subbética, fronteriza en su día con el reino nazarita de Granada.
Una de las fortalezas más soberbias se alza en Almodóvar del Río, sobre un cerro altivo y espigado por cuyos pies descienden las aguas del Guadalquivir.
El castillo de Almodóvar sufrió sucesivas restauraciones hasta cobrar, a principios del siglo XX, el cariz que hoy luce.
A lo largo de la historia no hubo cultura como la árabe en el arte de elegir el mejor emplazamiento para sus castillos. Poco tiempo después de llegar a la Península, los omeyas pusieron sus ojos en el cerro de Almudawar, cuyo significado es el redondo. En lo alto de aquel cerro erigieron una atalaya que permaneció en poder del Califato de Córdoba hasta su disolución, cumplido el año 1000. Varios gobernadores se hicieron con su gobierno hasta que en 1240 fue entregado pacíficamente al rey cristiano Fernando III, apellidado el Santo. Pedro I, conocido por todos como el Cruel, utilizó el castillo como residencia temporal y como lugar seguro donde guardar sus tesoros.
Existe una leyenda en Almodóvar del Río que recuerda el carácter codicioso y desconfiado de aquel gobernante. Al parecer, el rey estaba receloso ante la posibilidad de que le robaran sus cofres de oro y plata. Por eso hizo traer desde África una descomunal araña negra que vigilaba noche y día las cajas de caudales.
En su larga historia, el castillo también tuvo tiempo para ejercer de presidio. En el primer tercio del siglo XVII, en 1629, el monarca Felipe IV vendió la villa y el castillo a don Francisco del Corral y Guzmán, caballero de la Orden de Santiago. El precio acordado superó los 16 millones de maravedíes. Desde entonces la fortaleza pertenece al marquesado de la Motilla.
A principios del siglo XX, don Rafael Desmaisieres, conde de Torralba, encargó al arquitecto Adolfo Fernández Casanova, su recuperación. En su empeño dejó su fortuna y 36 años de su vida. El resultado no pudo ser más satisfactorio. El castillo que hoy contempla el viajero es hermano del que habitó Pedro I el Cruel o el tío carnal de Enrique III de Castilla. Rodeado de murallas, el patio de armas es uno de los símbolos monumentales de la fortaleza. A sus pies alberga un aljibe con capacidad para más de 177.000 litros de agua. Nueve torres flanquean la fortaleza, pero la más imponente es la del Homenaje, una atalaya albarrana cosida al recinto por un viaducto.
En su interior se reparten tres estancias. La planta superior es una sala de estilo mudéjar. La intermedia posee planta ochavada y la inferior fue utilizada como mazmorra en tiempos pasados.

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