sábado, 4 de octubre de 2008

Castillo de Ampudia (Palencia)


El que fuera obispo de Palencia entre 1397 y 1415, Don Sancho de Rojas, aparece como poseedor de Ampudia en los primeros años del siglo XV. Posteriormente, en carta de privilegio otorgada en Segovia el 14 de Septiembre de 1419 el rey Juan II hace donación de las villas de Ampudia y Villacidaler a favor de Pedro García de Herrera, sobrino del anterior, a la sazón arzobispo de Toledo, vinculando de forma estable el señorío a esta familia.


Pedro García de Herrera casó con María de Ayala, estando ambos enterrados en la Iglesia de San Miguel de Ampudia, donde se conservan, en la nave del lado de la epístola, los restos de los que fueron sus sepulcros, labrados en piedra en estilo gótico tardío, y que debieron ocupar un lugar preferente en la cabecera del templo, según lo dispuso el Mariscal en su testamento. Este periodo correspondería con el de la construcción del actual castillo como se pone de manifiesto por los rasgos tipológicos del mismo así como por ciertas evidencias documentales.


La villa de Ampudia entra en el siglo XVI de la mano de Pedro de Ayala, conde de Salvatierra, el cual continúa con la política despótica que desde que heredara el señorío había aplicado a su posesión, lo que le llevará a mantener entre 1501 y 1510, numerosos pleitos con los vecinos. Más destacado en la vida ampudiana de principios del siglo XVI es el paso por la villa del entonces rey y futuro emperador Carlos I, en su primer viaje por España tras su designación. Buena parte de este viaje transcurre por tierras de Palencia, como testimonian los cronistas que como, Lorenzo Vital, acompañan al rey. En estas crónicas se nos dice cómo el día 2 de noviembre de 1517 el rey comió en Becerril y cenó y pernoctó en Ampudia.


Ampudia tuvo también una señalada importancia para la guerra de los comuneros.En la mañana del 15 de enero de 1521, tropas al servicio del emperador, comandadas por los capitanes Zapata y Beaumont, al pasar por Ampudia fueron abucheadas por quienes ocupaban la cerca de la villa y rechazadas las pretensiones de Beaumont de recibir abastecimiento para sus tropas. Esta afrenta fue respondida por Beaumont con preparativos de asedio ante lo cual los de Ampudia se apresuraron a rendir la villa, haciendo lo mismo poco después Sancho del Campo, alcaide del castillo al servicio del conde de Salvatierra aliado de los comuneros.En poco tiempo la Santa Junta reacciona en favor de su aliado y dispone una contraofensiva. En la noche del 15 al 16 sale Padilla de Valladolid con sus tropas portando numerosa artillería reuniéndose con Acuña y su gente en Trigueros, juntando entre ambos en torno a cuatro mil hombres. El ejército comunero se presenta ante los muros de Ampudia la mañana del día 17 ante lo cual Beaumont opta por huir al vecino castillo de Torremormojón. Hasta allí le persiguió Padilla e inició un asalto que solo la llegada de la noche consiguió atemperar, momento que aprovecharon Francés de Beaumont y Pedro Zapata para dejar la villa con sus hombres y huir hacia Torrelobatón. A la mañana siguiente, Padilla continúa con el asedio de Torremormojón defendido ahora heroicamente por sus vecinos hasta que la amenaza del fuego les hizo entablar negociaciones para una honrosa rendición. Inmediatamente, Padilla regresa a Ampudia donde continúan los esfuerzos por reducir a la guarnición dejada por Beaumont, por parte de las huestes del obispo Acuña.


Finalmente Padilla entablará negociaciones con los defensores con el fin de evitar un asedio que se preveía largo y cruento permitiéndoles salir con armas y caballos. Recuperó así el conde de Salvatierra sus dominios castellanos, pero Padilla y Acuña no pudieron ampliar su éxito tomando Medina de Rioseco como era su intención, por falta de pólvora pues la Santa Junta se negó a entregársela. Desde ese momento el empuje comunero fue debilitándose hasta ser derrotado por completo el 23 de abril de 1521 en Villalar. La batalla descrita constituye el principal hecho de armas relacionado con el Castillo de Ampudia y los cronistas han querido ver las huellas de la misma en sus muros cada vez que se han acercado a éste buscando rememorar su historia.Pese a las promesas dirigidas a los vecinos de Ampudia de mantener la villa dentro de la jurisdicción real, en 1525 Atanasio de Ayala y Rojas, hijo del Conde de Salvatierra, pudo recuperar parte del feudo de su padre gracias al pago de veinte mil ducados, aunque dada su minoría de edad quedó bajo la tutela del condestable de Castilla, período este en el que el castillo de Ampudia sirvió por algún tiempo en prisión del delfín de Francia. Tras la muerte del Condestable, Don Atanasio de Ayala y Rojas aparece como señor de la Villa, libre ya de tutela alguna.


Aún en vida de Atanasio de Ayala, se desencadenó una pugna por su sucesión en el señorío de Ampudia, motivada por los indicios de ilegitimidad que pesaban sobre sus herederos naturales. Finalmente, el 25 de agosto de 1597 se dictó sentencia en favor de don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, Marqués de Denia. Esta sentencia recibiría confirmación en diciembre de 1599, y con ella el recién nombrado Duque de Lerma se convertiría en señor de pleno derecho de la villa, a la que favoreció con ciertos privilegios como la traslación de la Abadía de Husillos con rango de Colegiata. El ascendente alcanzado por el de Lerma sobre Felipe III, así como la proximidad de Ampudia a Valladolid, tubo como consecuencia la presencia del Rey y de la corte en esta Villa en diversas ocasiones. Este lugar sirvió al Duque para proporcionar al monarca jornadas de descanso dedicadas a la caza y a la celebración festiva, aunque también fue testigo de deliberaciones políticas como las que concluyeron con el definitivo traslado de la capitalidad de Valladolid a Madrid.Posteriormente heredó el mayorazgo de la Casa de Sandoval el hijo de don Cristóbal y nieto del Duque de Lerma quién había sido nombrado primer Conde de Ampudia y posteriormente duque de Cea. Este casó con la segunda hija de los duques de Medina de Rioseco muriendo hacia 1636 sin herederos varones.


En el momento de ser adquirido por Eugenio Fontaneda el castillo presentaba un estado de ruina. Su adquisición por parte del industrial supuso un giro radical en la trayectoria de un edificio abocado a la ruina absoluta. Puede resultar difícil explicarse cómo un particular pudo enfrentarse en solitario a la empresa de “salvar”, como él mismo lo definió, un castillo.

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