jueves, 23 de octubre de 2008

Castillo de Anguix (Guadalajara)


HISTORIA
La historia de esta fortaleza es la de su territorio en torno, que fue siempre disputado entre diversos señores feudales y familias influyentes de la comarca alcarreña. El término o heredad de Anguix pasó durante la Edad Media, por donación del Rey Alfonso VII, al caballero toledano Martín Ordóñez, quien llegó a poseer amplias propiedades en la parte baja de la Alcarria. Se adueñó de este terreno en 1136, y por entonces se levantó el primitivo castillo.
La viuda de este Martín Ordóñez entregó la fortaleza, en 1174, a la Orden Militar de Calatrava, que a la sazón ya comenzaba su asentamiento también en estas norteñas tierras, y cuya encomienda de Zorita extendía por el Tajo y sus afluentes una notable influencia.
En el siglo XIV, encontramos otra vez a Anguix en la propiedad del rey castellano, incluido jurisdiccionalmente en el Concejo de Huete. Alfonso XI se lo regaló a su montero Alfón Martínez, y su hijo Lope López, al casar con una Carrillo, lo transmitió a esta familia de poderosos y revoltosos nobles, vecinos de Huete. Así, a lo largo del siglo XV, lo veremos en la posesión de Juan Carrillo y de su hermano Luis.
En 1464 toma esta fortaleza para sí el rey Enrique IV, posiblemente por compra. Pero en 1474 se lo entrega a su camarero mayor, Lope Vázquez de Acuña, también de la familia de los Carrillo, y muy heredado por las riberas del Tajo.
Finalmente, este noble se lo vendió, en 1484, al primer conde de Tendilla, don Iñigo López de Mendoza. En la casa de estos magnates continuó ya en pacífica posesión durante muchas generaciones y largos siglos. Fue en 1847 que adquirió por compra el territorio entero, y la fortaleza incluida, don Justo Hernández, vecino de Brihuega. Recientemente ha sido adquirido por un particular francés.
ARQUITECTURA

Anguix es un torrejón, en el sentido de fundamentar su estructura en torno a la torre del homenaje o primitiva fortaleza.
La planta actual es de tipo pentagonal, y ofrece murallas muy elevadas, de unos seis metros de altura, con restos de torreones cilíndricos en las esquinas, y otro al comedio de la cortina de poniente, que abomba y amplía con su desarrollo lo que fue primitivamente una estructura paralelepípeda.
Tenía un recinto exterior con barbacana más baja que le circundaba por los costados de poniente y mediodía, los más fácilmente accesibles a la hora de un ataque, mientras que por sus lados de levante y septentrión, lo abrupto y pendiente del apoyo impedía cualquier ofensiva a ese nivel.
En el interior, muy irregular hoy por los derrumbes sucesivos y la acción del tiempo, se encuentra aún la entrada a un aljibe que ocuparía el patio central. Este patio era muy pequeño, pues la fortaleza no llegaba a alcanzar los 25 metros de longitud en su dimensión más alargada.
Sobre la esquina suroeste de la fortaleza, se alza la fuerte torre del homenaje, que se conserva hoy en bastante aceptable situación, y le confiere al edificio su prestancia antañona y fuertemente evocadora. Esta torre, de doble elevación que el resto de los muros del castillo, es cuadrada y se escolta en sus cuatro esquinas de otros tantos cubos circulares. En su centro, todavía hoy se ve un orificio redondo por el que se podía establecer comunicación con el recinto inferior, totalmente cerrado en su origen, y hoy accesible gracias a un boquete abierto en la parte baja de la torre. Se trataba de un aljibe, aunque también pudiera ser un calabozo.
En la torre aún quedan algunos ventanales amplios, con asientos de piedra adosados al muro, desde los que puede gozarse de una vista panorámica excepcional sobre el curso del río Tajo.En cualquier manera, y a pesar de no tener una excepcional importancia en el aspecto arquitectónico, este castillo de Anguix es una de las piezas más bellas de este plantel nutrido de los castillos de Guadalajara.

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