jueves, 23 de octubre de 2008

Castillo de Caspe (Zaragoza)


Es el castillo más moderno de Aragón. Lo construyó el General Salamanca en la última guerra carlista. Se proyectó y construyó con medidas exactas: 12 metros, ocho metros, cuatro metros, dos metros.

No obstante la época romántica se deja notar y sus almenas están esquinadas y perfiladas como palaciegas, y sus baluartes curvos en los lados forman en planta un precioso trébol de cuatro hojas.

En su interior todo es evocador y armonioso a pesar del reducido espacio. Atrevida escalera conduce a una terraza que se ve espectacular no por verla, sino por lo que desde allí se ve.
Se llega a las aspilleras de fusilería por una galería corrida. Parece un castillo de juguete, vistoso y divertido, para niños. Pero en realidad era un fuerte fusilero, cabeza de una serie de fortines distribuidos por montes y riscos, principalmente en el Bajo Aragón, que formaban una eficiente red de comunicación. Desde sus cubiertas se trasmitían señales con fuego, espejos o banderas, de un castillete a otro, comunicando extensos territorios entre Zaragoza, Maestrazgo y Castellón.

Está situado en la parte más alta de Caspe, cabezo de Monteagudo, y tiene en su centro una torre como del homenaje que eleva sus posibilidades.

Fue rehabilitado por la Diputación Provincial en 1985 y acaba de instalarse un Museo de Heráldica Institucional de la Corona de Aragón, único en esta tierra. Lo atiende un Patronato y la llave la tienen en la Oficina de Turismo en el Palacio Piazuelo-Barberan.

Todo el castillo es espacio expositivo. Vitrinas con ejecutorias y armoriales. En los baluartes sorprenden maniquíes con uniformes de las Ordenes Militares.

Con orden y con coche se accede a un parque temático que entre pinos se está montando en todo el espolón. A un paso, en un paseo, posa el castillo para las fotos. Antes, la Ermita de Santa María de Horta rescatada piedra a piedra de las aguas del Mar de Aragón en 1973, restos de arqueología industrial rescatados poco a poco de ruinas y demoliciones, y un rescatado depósito de agua semienterrado que fue polvorín en la guerra incivil. Todo ello forma un conjunto turístico adornado de pinos regados gota a gota, pero no agotado porque admite más ajardinamiento, más luces, otros servicios. Algunos todavía dicen que es el Castillo del Compromiso, pero no se lo crea. Su juventud le delata. Es un castillo atípico en Aragón, pero típico en Caspe.

(Notas sobre un texto de Miguel Caballú Albiac)

No hay comentarios: