jueves, 2 de octubre de 2008

Castillo de Pedraza (Segovia)


Pedraza de la Sierra (Segovia) está situada en lo alto de un cerro. Contiene los restos románicos del castillo de los Velasco y varias casas señoriales alrededor de sus plazas. El castillo estricto tiene la planta en forma de un enorme polígono irregular. La abertura de entrada es un arco ojival del siglo XVI protegido por dos grandes garitones. La gran puerta de madera está aún parcialmente cubierta de agudas puntas de hierro en forma de pequeñas pirámides.

El castillo de Pedraza es la propia Pedraza. La villa en este caso no está dominada por el castillo. La villa es la propia fortaleza y al pueblo se entra por una gran puerta con forro de agudas puntas de hierro que la refuerzan cuando alguien, tras subir la empinada cuesta bajo la lluvia de flechas, piedras, y aceite hirviendo que caían de las almenas, intentaba forzarla con el ariete clásico... Un pueblo que, si quiere, se encierra por la noche... unas calles empinadas con casas blasonadas en ambos lados, una bella plaza porticada y al fondo el castillo, otro castillo, este tradicional, que protege la vertiente contraria. Encima una alta torre que desmochó, increíblemente, el pintor Ignacio Zuloaga, que tuvo aquí su estudio. Quizás esto le sirvió para hacerla más cómoda a trueque de arrancarle arrogancia. Pedraza, limpia y clara en el horizonte segoviano, la del sabroso cordero, tiene, extrañamente, una historia de misterio y de tradiciones. La primera dicen que ocurrió en el siglo XIII y en ella intervienen todos los elementos de la novela medieval: una pareja de novios, Elvira y Roberto, el matrimonio de la primera con un noble, Sancho Ridaura, señor del castillo y de la villa y la desesperación del segundo que le obliga a entrar en un convento como religioso. Acto segundo: el noble Ridaura tiene que marchar a la guerra, pero al haber muerto el capellán de su casa, no quiere dejar sin culto ni consejo religioso a Pedraza y pide al convento el envío de un monje. Este resultará ser Roberto, el antiguo novio que se encontrará con que tiene que convivir con la que fue luz de su vida. El acto tercero presenta la reparación de dos soledades - la de la "viuda temporal" y la del claustro en una sola llama.Hasta aquí Boccaccio puro. En el acto siguiente, sin embargo, Italia se va y entran la crueldad, la dureza castellana, precedente de El castigo sin venganza, A secreto agravio, secreta venganza, El médico de su honra y tantas otras obras del teatro español, en las que un hombre decidió que la mancha de su honor sólo podía ser lavada con sangre. Para ello no se lanza contra el causante de su tragedia cuchillo en mano. Su reacción, por ello más repugnante, es casi siempre fría, calculada y razonada. Los culpables pagarán, pero su castigo les llegará cuando menos lo piensen o esperen.Así se porta Sancho Ridaura al enterarse - tardan muy poco en enterarse los maridos al volver de las guerras - de las plegarias que han llevado a cabo en su ausencia la esposa y el monje. El castellano prepara un gran banquete, sienta a ambos lados a los amantes y a la hora del brindis dice que ha llegado el momento de conceder premios a los que se lo han merecido durante su ausencia.Mirando fijamente a Roberto y aludiendo a su tonsura, sentencia: "Una corona bendita y consagrada lleva sobre la cabeza como insignia de honradez, virtud y santidad... yo le pondré otra que si no tan divina será al menos tan duradera." y a su señal entran dos hombres de armas portando una corona de hierro con afiladas puntas enrojecidas de fuego. La corona será puesta a viva fuerza sobre las sienes del monje adúltero entre sus gritos y el espanto de los presentes.Elvira huirá a su cámara donde se dará muerte con un puñal antes de que la alcance la venganza de su esposo. Este desaparece y para que la leyenda sea completa, el castillo será presa de las llamas...Año 1526.


Hemos pasado a la historia auténtica y documentada, pero no por ello menos literaria. Ha ocurrido, nada menos, que un rey ha caído prisionero de otro. El lugar fue Pavía; el vencido, Francisco I; el vencedor por intermedio de Borbón y Pescara, Carlos V.Como explica Cristóbal de Monroy en La batalla de Pavía los arcabuceros daráncuenta de la brillante caballería mandada por el mismo Francisco I, Montmorency y Bonivet.


El duque de Montmorency

acomete en la vanguardia,

a quien sigue Bonivet;

el Almirante ya saca

el Monsieur de la Palisa

de arcabuceros las mangas

cada soldado es un rayo,

un Vesubio cada espada,

un volcán es cada tiro

y una ruina cada bala.


Lo que da más dramatismo a la prisión del rey francés es que es obra directa de un tránsfuga de su bando, el duque Borbón:-


Borbón: Dadme las armas-

Rey: ¿Quién sois?-

Borbón: Capitán del rey de España,Carlos Quinto que Dios guarde.-

Rey: ¿Y cómo os Ilamáis?-

Borbón: (descubriéndose) Borbón.

Rey: ¡Borbón sois? ¿Hay tal infamia?

Primero daré la vida,

Que os entregue a vos las armas.

Llamadme a un capitán español.

Lannoy: Aquí a tus plantas

Está Carlos de Lannoy,Virrey de Nápoles.

Rey: Alza. No te rindas a un rendido.


Cuando las gentes de Pedraza comentaban esta increíble noticia no podían imaginar hasta que punto iba a conmover su tranquilidad y pacífica existencia de lugar alejado de la corte y sus problemas políticos. Porque un día de mayo de 1526 por la misma puerta de acceso por la por la que pasan hoy los viajeros del siglo xx, penetró en la villa una lucida comitiva llevando en el centro, tan respetados como vigilados, dos jóvenes príncipes llamados Francisco y Enrique. Eran los hijos de Francisco I que el tratado de Madrid dejaba como rehenes de Carlos V hasta que su padre cumpliera las condiciones del arreglo. Estuvieron sólo cinco meses, pero fueron cinco meses que entraron en el folklore de la villa para que nieto tras nieto repitiesen lo que les contaran sus abuelos.Intrigas, comentarios, noticias que llegaban "de buena fuente" de la corte, siempre desmentidas, rumores sobre la posible liberación o sobre una prisión más dura, un espía francés, Juan de Xalou, que se introduce en la plaza para preparar la fuga de los príncipes... Y por fin, la salida de los rehenes hacia Villapando. Eran dos príncipes que un día se convertirían en reyes, uno con el nombre de Francisco II y otro con el de Enrique II.


Fue la última gran aventura histórica de Pedraza. Después se ancló en la historia; alejada de los caminos principales de conquista y reconquista, de invasión y de defensa, la fortaleza de Pedraza sigue desdeñosa y segura de su fuerza arrebujada en sus murallas en lo alto de su cerro. Para entrar en ella, recuérdenlo, hay que llamar primero.

No hay comentarios: