viernes, 3 de octubre de 2008

Castillo de Simancas (Valladolid)


Consta de un primer recinto exterior, en base de pentágono irregular, constituido por una muralla reforzada con cubos redondos. Tiene dos puertas defendidas por cubos. El edificio interior fue adaptado en tiempos de Felipe II, por los arquitectos Herrera y Mora, a las necesidades de Archivo histórico nacional.


Los castillos españoles sirvieron tanto para defenderse de los enemigos externos como de los internos, tanto para impedir que entrara el invasor como para evitar que saliera el recluso. Los castillos fueron, quizá, más a menudo que fortalezas, prisiones a las que iban los enemigos del Estado...o del príncipe.Simancas tiene su buena lista de prisioneros célebres, pero ninguno como el obispo de Zamora, don Antonio de Acuña. ¡Qué tipo humano! A principios del siglo XVI toma partido por las Comunidades contra el emperador Carlos V. Pero en ese partido no se limita, como sus hábitos piden, a rezar por las victorias de Padilla, Bravo y Maldonado. El obispo Acuña es obispo guerrero, de cuya actividad se burló con gracia y mala intención otro obispo, Antonio de Guevara, que había puesto su cultura e inteligencia polémica a favor de la Casa Real. En una de sus epístolas familiares, Guevara ironiza sobre el cura soldado que no sólo se militariza él sino que militariza a los hombres de Cristo.Y le recuerda cómo uno de ellos tiraba y bendecía al mismo tiempo."En el combate que dieron los caballeros en Tordesillas contra los vuestros, vi con mis propios ojos a un vuestro clérigo derrocar a once hombres con una escopeta detrás de una almena; y el donaire era tal que, al tiempo que asestaba para tirarlos, los santiguaba con la escopeta y los mataba con la pelota."Sobrevino Villalar; Padilla, Bravo y Maldonado fueron condenados a muerte y ejecutados al día siguiente de la batalla. Acuña, siendo obispo, se salvó y fue encerrado en Simancas con la esperanza de un arrepentimiento. Allí vivió en una celda circular del último cuerpo del torreón. Pero no era hombre para estar encerrado, y si había dado órdenes a unos clérigos para matar al mayor número posible de soldados del rey, era natural que se autorizara a sí mismo el desafuero. Las ungidas manos episcopales se agarraron al cuello del alcalde de la fortaleza, Mendo de Noguerol, y lo estrangularon. Quiso huir después, lo agarraron, y el alcalde Ronquillo, en vista de que Acuña se había olvidado de su condición eclesiástica, decidió hacer lo mismo y, tras rápido proceso, lo mandó degollar. Los partidarios de las comunidades que aún quedaban en Castilla hablaron de sacrilegio. Los demás, aun fervientes católicos, aceptaron la condena. Hombres como él no podían estar ni siquiera encerrados.


Los castillos de España mantienen generalmente sólo la silueta. El tiempo ha ido derruyéndolos, los seres humanos han acabado con su interior- artesonado, puertas, particiones...- pero casi nunca han podido con el cascarón de sus murallas, con sus cubos, con sus torres. Por ello muchos han quedado sólo en siluetas magnas sobre lo alto de una colina. Cuando se entra no hay nada. Visitar un castillo, la mayor parte de las veces, es inútil. Unos hierbajos y unas lagartijas al sol. Hay que volver a salir, hay que alejarse un poco, para ver la historia entera reflejada en la elegante forma destacada en el horizonte.


Así son las fortalezas españolas con alguna excepción...como esa de Simancas. Cuando se ha dado varias vueltas a las murallas, cuando se ha admirado la elegancia de sus torres, cuando se ha subido a lo alto de la del Homenaje para dominar la ciudad de Valladolid muy cerca, las sierras de Avila y Guadarrama al fondo...uno no debe irse. Porque en el interior de la fortaleza, mimada, cuidada, confortablemente instalada, está la más valiosa colección de documentos políticos de la España moderna. Lo creó Felipe II y los jefes de Estado que le han sucedido han mantenido con amor esa obligación. Es la historia viva asomándose a la curiosidad de hoy. Firmas de reyes, navegantes, santos, políticos...Aquellos que, para nosotros, tenían ya cara de estatua, aquí aparecen con sus debilidades humanas, con su sangre y su inteligencia, con su humanidad, buena o mala, pero humanidad al fin.


Es un archivo que palpita.

No hay comentarios: