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sábado, 27 de diciembre de 2008

Castillo de Ponferrada


En su origen fue castro y posteriormente ciudadela romana, más tarde fue construida una pequeña fortaleza de cantos y barros, que domina, desde un altozano, la rica vega del Río Síl, es como los Templarios la encuentran cuando van a residir en ella, ya que en 1178 Ponferrada pasa a depender de la Orden Militar del Temple, iniciando estos la ampliación y mejora del castillo, regruesan los muros y lo levantan de fábrica de cal y canto.
En el siglo XI, el obispo de Astorga ordenó la construcción de un puente para dar servicio a los peregrinos. Este puente fue reforzado con hierro y así se le llamó Pons-Ferrata, origen del nombre de la población.La Orden Militar del Temple, reconstruye esta fortaleza destinada a proteger el paso de peregrinos que caminaban hacia el sepulcro de Santiago en Compostela. A lo largo de la historia este castillo participó de un triple carácter: fortaleza, cenobio y palacio. Cenobio , ya que esta era la residencia de los monjes "guerreros" Templarios.A partir de la disolución de la Orden en 1312, los Templarios quedarán íntimamente ligados a la ciudad de Ponferrada y han dejado ese halo de misterio que siempre les acompañó y que aun pervive en las piedras del castillo, convertido en símbolo de la ciudad. Pero, bien es cierto que esa aureola mística y legendaria de los templarios que aun se recuerda, en realidad, su aspecto se debe más a los señores feudales del siglo XV.La disolución de la Orden Templaria, vino por la bula "Pastoralis Praeminentiae" del Papa Clemente V, que ordena incautar todos los castillos y bienes del Temple para pasar a favor de la iglesia.El castillo va de mano en mano, perteneciendo primeramente a la Corona de León y en 1340 fue cedido por Alfonso XI al Conde Lemos, Don Pedro Nuñez de Castro, hasta que en 1486 pasa a los Reyes Católicos, que nombran alcaide al Marqués de Villafranca, y este acabará comprándolo en 1558.En una segunda etapa se construirá el Castillo Viejo, en la esquina norte de la cerca, es la época de Pedro Fernández de Castro.El tercer gran período constructivo en el castillo, es en la segunda mitad del siglo XV, siendo la época de Pedro Alvarez de Osorio y de los Reyes Católicos. En ella se construirán las torres de Monclín, Cabrera, Malpica, la de la entrada y la de los Caracoles, la Barbacana, el puente levadizo, la zona palacial Malvecino y el Cubo Nuevo.A principios del siglo XVI se fortalecerá Malvecino y se construirá la torre de Juan de Torres o de los Reyes Católicos y probablemente la Mirra o Covacha y sus baluartes. De todas estas reformas han quedado huellas en la piedra con la forma de escudos y blasones, pero, sin duda, la etapa de los templarios es la más profunda y la que más ha calado en la conciencia popular.El castillo, se sabe que se conservaba en perfectas condiciones en tiempos de la ocupación francesa, pues se tiene constancia de que en uno de sus salones los oficiales del Regimiento de Monterrey, ofrecieron un baile de honor a las damas ponferradinas.Pero, a lo largo del siglo XIX, se suceden la destrucción, saqueos y voladuras del castillo, convirtiéndose en cantera, campo de cultivos, campo de deportes, etc. Llegando a nuestros días en bastante mal estado.Hoy día, se está llevando un plan de reconstrucción y recuperación del Castillo de Ponferrada, para devolverle su esplendor anterior.Posee esta fortaleza, planta cuadrada irregular y sus primitivas doce torres representan la forma de las constelaciones o símbolos del zodiaco. Su majestuosidad le viene por el impresionante conjunto de la entrada, formado por el puente levadizo, la puerta de la barbacana, la torre del Rastrillo con su zagüán, las rondas altas y bajas, las torres de Cabrera y Moclín. El acceso principal al castillo se efectúa a través de una hermosa puerta franqueada por dos torreones de finas almenas. Son más de 8000 metros cuadrados de superficie, y su construcción es una de las más relevantes del Medievo en lo que a arquitectura se refiere. Se prestó especial atención al proteger el acceso principal, donde la adicción de dispositivos defensivos, no exentos de artísticos detalles, han conferido la bella estampa mil veces plasmada en los folletos turísticos de León.En la parte izquierda de la Plaza de Armas del castillo se alza la Torre del Homenaje, en la que se conserva un salmo en Latín: "Si el Señor no protege la ciudad en vano vigila el que la guarda". En este palacio-monasterio de los monjes guerreros, la filosofía de la Orden del Temple, pervive hoy día en las piedras del castillo.
Fuente: Antonio Matas Vara

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