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sábado, 27 de diciembre de 2008

Castillo de Torrelobatón


EI castillo de Torrelobatón (Valladolid) perteneció a la familia de los Henríquez, almirantes de Castilla. Su planta es cuadrada, con cubos circulares en tres de sus ángulos, mientras que en el cuarto se alza una robustísima torre de homenaje, que tiene como adorno ocho cubos volantes, cuatro angulares y cuatro entre los anteriores, algo más pequeños. Tuvo tres pisos y se entraba en ella por un puente oscilante. Se conserva la galería subterránea de escape. Se considera que fue construida en el siglo XIII y carece de almenas.

Fue un triunfo de los comuneros. O mejor fue el triunfo de los comuneros. De aquí creyeron que partían para la gloria, para su victoria definitiva, una victoria con la que pondrían justicia en el reino contra los desaforos de los nobles. Porque, como decía la junta de Valladolid a los gobernadores que, en nombre de Carlos, les conminaban a dejar las armas y obedecer al rey: «¿Obedecer al rey? ¿De qué están hablando?» Los que han obedecido siempre al rey han sido ellos, las comunidades, es decir, los hombres del estado llano; los que no le han obedecido han sido los nobles que ahora quieren darles lecciones de fidelidad monárquica. El redactor de la carta hace historia: «¿Quién prendió al rey don Juan II, si no los grandes? ¿ Quién lo soltó e hizo reinar, si no las Comunidades?» y cuando los nobles animaron al rey de Portugal a que entrara en nuestra tierra y quitara el trono a Isabel y Fernando las Comunidades lo vencieron y echaron de Castilla e hicieron pacíficamente reinar a sus naturales reyes.


El comunero toca ahora otro punto. Servir a un rey significa además pagarle impuestos y ayudarle económicamente ¿no es cierto? Pues vemos que «los pueblos son los que le enriquecen y los grandes son los que le han empobrecido, Vasallos, alcabalas y otras rentas reales eran del rey y los pueblos las pagan; ¿quién ha quitado a sus majestades sinó los grandes?» y aludiendo a la concesión de mercedes que el noble había sacado, año tras año, aprovechando la debilidad de los reyes medievales y que les permitían ocupar tierras y pueblos que le tributaban a él y no al monarca: «Vean vuestras señorías cuán pocos pueblos quedan ya del rey que desde aquí a Santiago -que son cien leguas- no tiene el rey si no tres lugares


Las Comunidades hablaban con el lenguaje de la razón y por un momento, aquí en Torrelobatón, también con el de la fuerza. Once mil hombres de varias provincias acudieron a sitiar el castillo cuyos señores aseguraban que sólo al rey Carlos y a sus representantes servían. El sitio duró ocho días y tras ellos el castillo se rindió. Se exaltaron los comuneros. Dios estaba a su lado.
En realidad había sido fatal perder esos ocho días. Ocho días son muchos cuando el enemigo tiene un nombre llamado Carlos, ya emperador, y un hábil propagandista, el obispo Antonio de Guevara, que escribe a los rebeldes, sarcástico, y a los tibios, convincente. Cuando los nobles acuden de todas partes, no tanto para defender al rey como para proteger sus intereses, su status de autoridad, que esos mercaderes parecen poner en duda manifestándose en directo enIace con la monarquía sin intermediarios nocivos.


El día 23 de abril de 1521. Padilla y Bravo al frente de sus soldados triunfantes salen de Torrebatón. Su objetivo es ahora la importante ciudad de Toro, pero en la llanura sobreviene un temporal; intentaban refugiarse de él, cuando les alcanzan, cerca de Villalar, dos mil quinientos jinetes imperiales enviados por el gobierno. Por un lado soldados improvisados, por el otro profesionales de la milicia. Los comuneros vacilan y se desperdigan a pesar de los intentos de Padilla y Bravo para reagruparlos.«... ya que llegaban cerca de Villalar pasóse el conde de Benavente con su gente a tomar la una punta del lugar: el condestable se puso delante de la batalla real y yo con la vanguardia; y en haciendo la punta que hizo el conde de Benavente rompí con la vanguardia por mitad de los escuadrones de los enemigos y en los que quedaron a la mano derecha rompieron el condestable y el conde de Miranda y el comendador mayor de Castilla... y en los que quedaron a la mano izquierda rompió el conde de Benavente... serían los muertos y heridos obra de mil hombres de los cuales mató muchos la artillería


El refugio que buscaban en Villalar lo fue definitivo para los jefes de la sublevación: Padilla, Bravo y Maldonado subieron al día siguiente al cadalso.


Detrás quedaba Torrelobatón como símbolo de la única gran victoria que había tenido la Comunidad en su quijotesco intento de restablecer la proporción entre la autoridad y la eficacia, entre los derechos del rey y el de los súbditos. La gente no recuerda tanto el triunfo como la derrota, que quedó mucho más dramáticamente en la memoria, y al hablar de sus comuneros nadie piensa en Torrelobatón y sí enVillalar. Y es que los castellanos rebeldes habían llegado a Waterloo demasiado pronto.


Torrelobatón los vio marchar al desastre desde la gran torre del homenaje en cuyos torreoncillos hay escudos del almirante de Castilla, a quien perteneció. Los pocos fugitivos que pudieron volver contaron cómo había terminado la gloria de una semana.

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