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jueves, 1 de enero de 2009

Palacio de Pedralbes - Barcelona

Barcelona ha sido históricamente sede de residencias reales pues la capital catalana es, desde los tiempos de Carlomagno, la Ciudad Condal en memoria de los Condes de Barcelona que formarían la Corona catalano-Aragonesa con el matrimonio en el siglo XII entre Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón.

El Palacio Real de Barcelona se encuentra situado en una de las zonas nobles de la ciudad, Pedralbes, cuyo nombre se debe al cercano monasterio de Monjas Clarisas fundado por la reina Elisenda de Montcada, esposa de Jaime II de Aragón.

El primer palacio utilizado como residencia real del que se tiene noticia es el Palacio Mayor, construido en el siglo XI por Ramón Berenguer I en el centro neurálgico de la ciudad. Felipe V cedió este Palacio Mayor a las benedictinas de Santa Clara a cambio de lo que era su monasterio, que el Rey convirtió en la Ciutadella, donde actualmente se encuentra la sede del Parlamento de Cataluña.

Desde entonces, la ciudad no dispuso de residencia real oficial y los monarcas, cuando visitaban Barcelona, se alojaban en palacios particulares, en Capitanía General o en el Ayuntamiento. Al celebrarse la I Exposición Universal de Barcelona en 1888, se acondicionó la Casa Consistorial como residencia real. Se rememora esa estancia con un cuadro de la Reina Regente María Cristina y Don Alfonso XIII de niño, que preside el Salón de Sesiones del Ayuntamiento. Las frecuentes visitas del Rey Alfonso XIII a la ciudad condal movieron a un grupo de nobles catalanes a construir un palacio real. El Marqués de Comillas y Conde de Güell ofreció ofreció para ello unos terrenos de su propiedad situados cerca de Santa María de Pedralbes.

El proyecto, encargado al arquitecto Eusebio Bona i Puig, continuado después por Francisco de Paula Nebot i Torrens, respetó en parte la ya existente Torre Güell y añadió al cuerpo central dos alas laterales con galería de columnas, que dieron a todo el conjunto un aire italianizado de estilo novecentista. Para sufragar los gastos de la construcción se abrió una suscripción popular y se admitieron aportaciones de obras de arte y mobiliario. Las obras empezaron en 1919 y se prolongaron hasta 1926, año en el que se entregó el Palacio al Rey. Su momento de máximo esplendor fue con motivo de la II Exposición Universal de Barcelona el año 1929. El trazado de los jardines que rodean el Palacio Real son obra de Nicolás María Rubió i Tudurí. Preside los jardines, delante de la entrada principal del Palacio, la estatua de Isabel II presentando a su hijo Alfonso XII, obra del escultor Vallmitjana.

El ingeniero Carlos Buigas i Sans proyectó las tres fuentes luminosas situadas una en la entrada del recinto y dos en el centro de los recuadros destinados a rosaledas. Destaca la fuente en forma de banco con el surtidor de hierro forjado representando un dragón, obra de Antonio Gaudí, construida en 1880.

En la actualidad el Palacio no es residencia de la Familia Real si bien es utilizado para recepciones oficiales, principalmente en el Salón del Trono, en el que destaca la pieza que le da su nombre: el Trono, decorado con grandes cortinajes de terciopelo granate sostenidos por una gran corona dorada que ostenta en su parte central los anagramas del Rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. En lo alto, el escudo de España con las flores de lis, distintivo de los Borbones. Completan la decoración figuras alegóricas de mujer simbolizando la Sabiduría, el Trabajo, la Inteligencia y la Justicia. Guardan el trono dos leones en actitud rampante esculpidos en madera dorada.La última ceremonia estelar celebrada en el Palacio Real fue el banquete de bodas de la Infanta Cristina en 1997.

(Extracto de la revista España Real , mayo de 2000)

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