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viernes, 13 de febrero de 2009

Castillo de Chinchilla


A 700 pies de altura, en la cumbre del cerro en que se asienta la ciudad, perduraron hasta el pasado siglo, en regular estado de conservación, las defensas del grandioso castillo que, sirvieron de terraplén a un frío e imponente presidio de la nación, sucesor de la cárcel que allí hubo desde 1605.

El origen de esta fortaleza es antiquísimo. En tiempo del Imperio debió haber sido ya plaza fuerte, a juzgar por las cimentaciones romanas que se descubren. Sobre ellas levantaron los godos grandes torres y murallas, y árabes y cristianos continuaron defendiendo tan importante castillo.

Fue de origen romano - según afirma el señor Cebrián -, y a la irrupción de los godos no se hallaban, al parecer, terminadas las obras, por cuanto el rey Sisebuto dispuso su conclusión, dando el apellido Castillo a los que las llevaron a cabo. Nada debió el castillo, en cuanto a reparos y mejoras, a la dominación árabe, según el mismo autor; y únicamente don Juan Pacheco, marqués de Villena, lo restauró a mediados del siglo xv, y como signo de su señorío dispuso poner en los fortines, esculpido en piedra, el escudo y armas de Pacheco, según y como se ve todavía. Aunque ostensiblemente no conserva nada de aquellas edades primeras, ni de las que le sucedieron, proclama corresponder, sin duda, a la XV centuria, a pesar de las obras y reparos posteriores.

Entre sus más históricos prisioneros cuenta al famoso César Borja, por atribuirsele la muerte del duque de Gandía, su hermano, a dicho duque deValentino. Fue encerrado en la alta torre prismática, en cuya terraza un día quiso matar al alcaide de la fortaleza, Gabriel de Guzmán, que lo era por el duque de Maqueda. Y para evitar los intentos de evasión fue trasladado a otros castillos dicho César Borja.

El foso del castillo era profundo y numerosos los torreones que lo circundaban. Tuvo dos puentes levadizos.

Por la posición topográfica que ocupa, en el ribazo de un cerro y cabe de una montaña, y por la secular fortificación de su castillo roquero, estaba la ciudad de Chinchilla llamada a jugar importantísimo papel en las vicisitudes de la historia patria. Y, en efecto, en muchas sirvió con no poca fortuna de punto estratégico. «Importante por demás - sigue diciendo la Crónica de la provincia, de Roa y Erostarbe, a la cual seguimos refiriéndonos - es asimismo el papel que la fortaleza de Chinchilla juega en nuestra historia nacional. Codiciada por los árabes, rescatóla de éstos la monarquía aragonesa, a quien, a su vez,se la usurpó Alfonso VIII de Castilla. Recobrada por la Corona de Aragón, durante la minoría de Fernando IV de Castilla, volvió de nuevo a los estados de éste, y Juan II le otorgó, en 1422, el título de ciudad, en recompensa de los numerosos auxilios de gente que de ella hubo recibido durante la guerra del año anterior. Algunos después, en 1479, fue anexionada a la Corona castellana, previo el sitio que le puso el rey de Aragón, Fernando II, del cual la libertó el marqués de Villena.

Posteriormente, durante los preliminares que precedieron a la batalla de Almansa, ocuparon esta importante fortaleza el general portuguésmarqués de las Minas y el duque de Berwick. Durante la guerra de Sucesión ocuparon este castillo las tropas del archiduque de Austria; pero hubieron de abandonarlo, para no caer en poder del Borbón Felipe de Anjou, no sin antes haber salvado la artillería, que jugó buen papel en la antedicha batalla de Almansa -cuyo resultado fue la muerte de los gloriosos fueros de Jaime I el Conquistador-. Y, por último, cuando la epopeya de nuestra Independencia nacional, este legendario castillo despertó también la codicia de las huestes napoleónicas en la persona del mariscal francés, quien ordenó a Drouet, conde d'Erlou, intentase su posesión.

El monumental castillo de Chinchilla, antiguamente, formábanlo grandes murallones en escarpa y seis esquinas entrecortadas por torreones y rodeados de un foso de algo más de 6 metros de alto y ancho, sobre el que se tendió modernamente un puente de madera. La entrada, entre dos torreones, abierta a la parte más alta y de difícil acceso del cerro en que está situado, perdió todo el mérito artístico, debido a la desaparición de los calabozos que existían sobre dichos torreones y que la desfiguraron por completo. Constaba la torre de dos amplias habitaciones, una gran cisterna, que posteriormente fue convertida en depósito de pólvora, y dos puentes levadizos que la ponían en comunicación con el recinto de abajo y con el campo. Guardábanlo, además, varias atalayas avanzadas, de las que se ven aún vestigiosen los cerros que lo circundan.

En 1810, época de la guerra de la Independencia, fue reparado el castillo bajo la dirección del comandante de Ingenieros don Juan Antonio Cearra, quien destruyó las almenas de la muralla de su recinto, dejándola a la barbeta, e hizo, en cambio, construir una reducida capilla a la parte de saliente, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen.

En 1822, cuando la guerra de aquella época, se recompuso parte de lo derruido por el sitio francés, bajo la dirección del oficial de Ingenieros señor Herrera, quien construyó troneras para cañón; mirando al norte levantó un edificio destinado a cuartel y otros para almacenes, cocina y horno de cocer pan.

En el cimiento de la torre construida por Pacheco, y dentro de su perímetro, tuvo el castillo un aljibe, cuyas aguas sólo podían utilizarse desde dentro de la torre, y Herrera la convirtió en almacén de pólvora.

En 1836 fue encomendado el reconocimiento y proyecto de obras por el capitán general de Valencia al comandante de Ingenieros TomásEnguídanos y al teniente Francisco Sánchez, emprendiéndose éstas en 22 de octubre de aquel año, bajo la dirección de Sánchez, que las llevó a cabo en 1837, artillando el castillo.

En el castillo de Chinchilla, de interés histórico, por haber desaparecido ya, resultan interesantes los datos de su existencia. Según documentos del siglo XVI, extractados por J. Paz, el castillo que encumbrábase en el cerco era difícil de mirar y de arremeter, por lo áspero del peñascal, requiriendo escasa guarnición para su defensa. Su foso, a la redonda, era cavado en peña viva en más de 10 metros de anchura. El puente de madera cargaba en un pilar grueso, en medio de dicho foso, siendo levadizo en su segunda mitad, con cadenas y artificios. Los muros, de labrada piedra, perduraban intactos. Los aposentos del interior estaban hundidos de reciente y fueron muy capaces para salas, cuadras, capilla, cocina y oficina. Hubo una torre llamada del homenaje, labrada de sillares, a gran altura, con muros de cuatro varas de espesor, más un gran aljibe en su cimiento y dos estancias superpuestas y abovedadas. Tuvo antigua artillería gruesa. El corregidor de la ciudad aconsejaba al rey la restauración de esta fortaleza fronteriza al reino valenciano. El duque de Maqueda fue alcaide de este castillo, cobrando derechos de castillería por 200 ducados anuales, más 150.000 maravedís por gajes concedidos por el rey.

Hay que consignar, finalmente, de la historia militar de este castillo, que, después de restaurado por don Juan Pacheco, en el siglo XV, sus defensores cristianos fueron derrotados en 1447 por los moros granadinos de Aben-Ozmin. Y más tarde, en 1477 sufrió otro rudo golpe por los guerreros de la reina doña Isabel la Católica, por haber levantado bandera por la Beltraneja doña Juana sus partidarios del marqués de Villena. Y mucho más podría decirse aún de esta fortaleza, que fue pasando, alternativamente, de una a otra corona de Castilla y de Aragón.
(Castillos de España - Carlos Sarthou)

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