jueves, 19 de febrero de 2009

Castillo de Escornalbou (Tarragona)


Distante de la ciudad de Tarragona 37 kilómetros y situado en lo alto de una montaña. Con ser muy interesantes sus construcciones, tiene el atractivo de su situación y de la montaña de Santa Bárbara.

Escornalbou dimana de la forma de la montaña, pues tiene tal altura y su base es tan reducida, que se asemeja a un cuerno de buey. Desde cualquier población del llano o campo de Tarragona puede verse, en las estribaciones de la cordillera del Priorato, cual atalaya o avanzada, la montaña de Escornalbou. Forma una pirámide perfecta, y en su vértice, denominado Santa Bárbara, tiene una altura de 700 metros sobre el nivel del mar, en la cima de La Mola.

Se desconoce la época de la edificación del castillo, suponiendo los historiadores que data del siglo XII. Sus murallas, iglesia románica, torre del Cardenal y el castillo, levantado sobre murallas de la época romana, afirman que estas edificaciones pertenecen a los primeros tiempos de la época cristiana, y allí se sucedieron obras romana, visigótica, árabe y cristiana. El edificio del monasterio, con su claustro y demás dependencias, poco tiene de notable desde el punto de vista arquitectónico, aunque todos ellos no se hallen faltos de gusto.
En el año 1162, el rey Alfonso concedió aquel territorio a Juan de San Baudilio, para que levantase una iglesia dedicada a San Miguel y erigiese un convento de canónigos de la Orden de San Agustín. En la segunda mitad del siglo XIV, la comunidad agustina fue extinguida. En el año 1580, el arzobispo Antonio Agustín cedió el cenobio a los frailes recoletos, los cuales establecieron en él un colegio-seminario que duró hasta el año 1835.

En nuestros días, el conventual edificio fue adquirido por don Eduardo Toda y Güell, quien lo habilitó para su residencia, restaurando algunas edificaciones, así como la iglesia románica, y siendo su entusiasta conservador hasta que falleció.

Su situación es realmente excepcional. La formación geológica de la montaña proviene, probablemente, de algún cataclismo de la Naturaleza. La vegetación es espléndida: pinos, encinas, olmos y robles forman una masa que se eleva 700 metros sobre el nivel del mar y se halla cubierta por un verdadero tapiz de plantas silvestres. La mejor belleza de Escornalbou es la visión panorámica, que se puede admirar desde el castillo o desde el pico Santa Bárbara.

Ahora suma sus dos aspectos antagónicos de guerra y de paz: el castillo de altas torres almenadas, las puertas ferradas de sus gruesos muros con retadores escudos de armas, saledizos, saeteras yotras obras militares, contrastando con el templo y los claustros, con sus galerías de arcos en medio punto, de bella factura, encarados al silencioso paisaje de visualidad que convida a la meditación.

San Miguel de Escornalbou, que durante centurias lo habitaron monjes guerreros, fue modernamente lugar de estudio de un ilustre barcelonés, que lo convirtió en riquísima biblioteca: el mejor destino que pudo dar al castillo-monasterio de primores góticos, del siglo XII, que por el abandono de los agustinos pasó a los franciscanos en 1574, como en 1911 al ya difunto historiador.

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