viernes, 10 de abril de 2009

Castillo marquesal de los Vélez (Vélez Blanco)


Tras el monte Maimón, en los estribos de la encumbrada Sierra de María, lejos de las grandes urbes, y donde no llega el silbido de la locomotora, estála pintoresca villa de Vélez Blanco, que fue cabeza del marquesado de los V élez, cuyo castillo señorial perdura en pie, mostrando su arquiectura renaciente de recia sillería.

Para incorporar a la Corona la ciudad de Cartagena, que pertenecía en señorío al adelantado de Murcia don Pedro Fajardo, los Reyes Católicos, en 1503, le dieron en permuta las villas de Vélez Blanco y V élez Rubio, pueblos mudéjares fronterizos al reino de Murcia, con el título de marquesado del os Vélez, con otros lugares vecinos y cuantiosas rentas. Aún no concluida la suntuosa capilla de los Vélez en la catedral de Murcia (postrimerías del arte gótico decadente), ya emprendió el marqués en Veled-Albiad (hoy Vélez Blanco) la gigantesca obra del palacio señorial o castillo de mármoles y bien labrada cantería al gusto italiano renaciente; maravillosa obra, comenzada en 1506 y terminada en 1515, sobre las ruinas de un castro romano y de una alcazaba mora, de área mucho mayor que la actual mansión castellana, cuya base es un hexágono irregular que se estrecha en ángulo agudo en su extremo norte. Sus muros son de imponente elevación, rematando en cubos y almenas adornadas con esferas pareadas, y domina el conjunto de tan severa y artística arquitectura la gigante mole de su torre del homenaje. Adosado a este cuerpo principal hubo, por la parte sur, otro edificio exterior unido por doble arco de salvaguardia y el puente levadizo, ya desaparecido, frente a la puerta de entrada, situada en inaccesible altura. Actualmente, para entrar, hay que subir por una ventana cuya altura se salva con una escalera de mano. Todo lo grato que resulta contemplar el gigante monumento de tostada piedra, desde el exterior, contrista el ánimo la visita al interior del recinto, por los destrozos lamentables cometidos en él, a trueque de lucro de 80.000 pesetas (según rumores del vulgo), importe de la venta verificada por un copropietario del señorial monumento, a sabiendas del duque de Medina-Sidonia, quien no impidió que emigrasen a Francia los bien labrados sillares del claustro y ventanales del patio de armas y demás maravillas arquitectónicas y ornamentales del monumento, las cuales, por el puerto de Cartagena, fueron llevadas al de Marsella, a fines de mayo de 1904.

Traspuesta la entrada que hubo al final de la rampa y puente levadizo, se encbntraba el visitante en un gran patio de honor, que es cuadrado, y que lucía en dos de sus lados galerías superpuestas de arcos rebajados, que se apoyaban en cilíndricas columnas; todo ello bien labrado en Italia, en mármoles de Carrara; y en los otros dos lados, cercados por fuertes muros, se abrían ocho ventanales de estilo plateresco también superpuestos, cuatro en cada cuerpo de edificio, mostrando jambas y dinteles decorados y sus alféizares ornamentados con blasones, follajes y otros adornos. En los blasones alternaban los emblemas de los apellidos Fajardo, Chacón, Lacueva y Silva, o sean, los de los progenitores y los de las esposas del fundador Pedro Fajardo. De este patio, verdadera maravilla del siglo XVI, sólo queda ya el devastado solar, mostrando por el suelo, esparcidos, algunos bloques de mármol, rotos fustes, fragmentos de cornisas, algunos balaustres y una curiosísima gárgola representando la Fecundidad. Esta parte del castillo ya no podemos verla en España, pues está reconstruida (galerías y ventanales) en Francia, en un castillo remedo del deVélez Blanco, que un rico parisiense posee en las afueras de la capital de la vecina República, enriquecido con los magníficos artesonados de madera labrada, preciosos zócalos de azulejería mudéjar, solados de alicatados, elegante escalera de mármol con intradós y azulejería plateresca de reflejos metálicos, puertas de nogal tallado, frisos esculturados, tapices, bronces y otras maravillas lastimosamente arrancados para siempre de la mansión señorial de Vélez Blanco, a cambio de un puñado de pesetas. Se asegura que solamente de la puerta de bronce, vendida con los mármoles y maderas del castillo, pagó un embajador inglés al anticuario francés que las expatrió una crecidísima suma de libras esterlinas. En el friso del artesonado que existía en el salón de triunfos del castillo, se representaba, en relieve, la entrada en Roma de Tito, triunfador después de la destrucción de Jerusalén. Entre los guerreros que acompañaban al conquistador esculpió el artista el retrato del marqués de los V élez, vestido a la romana y ostentando su escudo nobiliario. Según otra versión, además de este alto relieve hubo en el mismo salón de Triunfos otro relieve, también labrado en mármol, representando el triunfo del marqués Fajardo, virrey de Nápoles, sobre los moriscos. Igualmente ha desaparecido la colección de tapices de otro salón; eran magnificos y colgados con anillos metálicos dorados al fuego. En la sala de la Mitología hubo doce medallones esculturados a gran relieve en madera, representando la vida de Hércules. En otra estancia contigua al salón de triunfos existió otro cartesonado de nogal muy valioso. En la parte norte de la muralla había una poterna de bronce de unos 20 centímetros de espesor, que mostraba fundida una corona de laurel surmontada por la cruz de Santiago, teniendo en el centro las armas de los Fajardo. Y, siguiendo la forma rectangularde este inabordable castillo, la siguiente leyenda,con caracteres romanos: «Dominus custodiat introitum tuum, exitum tuum in hoc nunc et usque inseculum Luis fecit anno mil y D y XV.» La ins-cripción que corre bajo el alero del patio de armas dice así: «Petros Fagiardvs marchio de veliz primvs. Ad regni Mvrcie quintvs prefectvs sue prosapie. Hanc aedem in arce titvli erexit. Ceptvn opvs anno ob ortvs Cristi millessimo qvingentessimosexto. Perfectvm anno qvinto decimo svpra millessimvn a qvingentessimvm.» En lugar de aquella inscripción pudiera haber hoy la siguiente: «Toda la parte artística que enriqueció este palacio fue comprada a bajo precio y desmantelada en 1904 por monsieur Colber, que la ha montado en su chalet de París.»Si merecida tiene este castillo la reciente declaración de monumento nacional, ¿con cuánta mayor razón no la hubiera merecido antes de su lamentable devastación artística?
(Castillos de España de Carlos Sarthou Carreres)

No hay comentarios: