martes, 15 de septiembre de 2009

Castillo de Santa Catalina (Jaén)


Encumbrado en la montaña de la capital y defendido de oriente a mediodía por inaccesibles precipicios, esta antigua fortaleza aparecía, antes de instalarseen ella un parador de turismo, medio destruida, truncados sus cubos, mordida su cerca y destechados sus cuarteles; pero en medio de esta desolación aún perduraban en pie torres que, orgullosas, seguían desafiando al tiempo y a sus inclemencias, después de haber desafiado y vencido a los hombres de Mahoma.

La torre del homenaje es de importante majestad, levantando sobre todas las otras su corona de almenas, como señora de este secular alcázar. Encierra en su interior salas tristes y angostas. Son recios sus muros y poco elevadas sus bóvedas, cuyas gruesas ojivas descansan en columna central. Por las tronerasentra escasa luz, y resultan impresionantes el silencio, la penumbra, la estrechez y la soledad, siendo difícil poner freno a la imaginación. En lo alto de esta gran torre enarboló San Fernando el pendón de la conquista.

Una muralla comunica esta torre con otra que carece de antepecho y de terraza, y cuyas salas, cubiertas de ojivales bóvedas y alumbradas por ajimeces de doble arco apuntado, no son menos interesantes que las del aposento anterior. Un arco a guisa de puente la une con la capilla dedicada a Santa Catalina, mezcla de arquitectura arábiga y cristiana, al estilo de muchos monumentos medievales de Andalucía; dato que pregona la época de esta fortaleza de Jaén.
La puerta fórmala un arco ultrasemicircular enmarcado en una moldura. Consta de una sola nave con bóveda apuntada y de rara arquitectura la cúpula peraltada del crucero y su presbiterio.

Aparte de esta capilla y de las antedichas torres, ya poco de notable ofrece el alcázar, por ser obra moderna casi todas sus defensas.

Además de varios aljibes, hay también obras subterráneas, lóbregas, profundas y abocadas a los precipicios del monte, para evitar los escapes.

Del primitivo alcázar del siglo XIII que mandó levantar San Fernando ya sólo quedan borrosas ruinas desfigurando la primitiva alcazaba mora, de la que, referente a ella, se conservan textos de el-Edrisi y de Alfonso X el Sabio. Con todo, son dignas de admirarse aún sus actuales ruinas.

De los alcázares viejo y nuevo de la ciudad y de las fortalezas de Pegalajar y Menjíbar fue alcaide un condestable de Castilla, y al hacerse fraile, los reyes concedieron la alcaidía a los Fonseca, con 100.000 maravedís de sueldo anual.

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