domingo, 20 de junio de 2010

Torre de Ordás


Más abajo de Rioseco de Tapia, a la vera del Luna, se avista la torre de Ordás hoy restaurada en consolidaci6n de sus ruinas. Torre cilíndrica, como un centinela en el altozano mirándose en el espejo caudaloso del río regulado por el embalse.

Los grajos anidan en los huecos de la torre, casi todos los mechinales donde embutían las vigas tienen su nido y se espantan cuando el turista penetra en su base.

Arriba se recorta el cielo en un circulo azul, porque es muy alta y muy hermosa en su arquitectura militar.

Construida de mampostería y mortero, piedra sillería en la saeteras y sillerías de arco y columnillas en vanos de ventanas; bajante común para las letrinas de planta primera y cuarta y chimenea común a todas las plantas.

Por los mechinales se adivina que tenía cinco plantas.

La sangrienta tragedia que se sitúa en ella del asesinato de Don Ares de Omaña por su tío el adelantado Don Pedro Suárez de Quiñones no se concreta con visos de realidad.

El catedrático de medieval de la universidad legionense, don César Álvarez, demuestra documentalmente por métodos arqueológicos que la torre fue construida unos años después del fallecimiento del adelantado Quiñones.

Pero la imaginación popular gusta de la fantasía y dorar con la tragedia la vida medieval para dar motivaciones a los filanderos invernales.

Los vates leoneses traducen al romance estos sentimientos populares y colocan al mozo Don Ares de Omaña como víctima propiciatoria de la ambición del personaje maligno, encarnado en su tío el adelantado Quiñones. La leyenda hay que reflejarla, porque forma parte del patrimonio cultural del pueblo.

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