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martes, 4 de enero de 2011

Castillo de Santa Pola



En el centro y como núcleo germinador de la actual ciudad de Santa Pola se levanta este castillo-fortaleza, uno de los pocos ejemplos conservados de las contrucciones pre-abaluartadas existentes en Alicante y en todo el País Valenciano.
Su traza es un cuadrado de 46 m de lado, con dos baluartes en los extremos de su diagonal NO-SE, denominados "baluarte del Duque" y "Baluarte del Rey" en este orden y del que sólo se conserva integra-mente este último. Los muros-cortina estan inclinados hasta dos tercios de su altura, línea ésta definida por una moldura que rodea al exterior toda la fortificación. Se remata el conjunto con cañoneras. En origen sólo poseía un ingreso, y hoy en día, existen dos en su eje N-S.


Toda la obra está realizada en mampostería bien trabada y sus muros, a diferencia de las obras abaluartadas de la época, no son compactos o terraplenados, sino huecos y dispuestos en dos plantas, con naves de bóveda de medio cañón destinadas a albergar las distintas dependencias de la fortaleza. Como defensas, aparte de la planta de punta de flecha de los baluartes, sólo hallamos unas cañoneras muy especiales, dispuestas a media altura y emplazadas en los ángulos muertos de la defensa, es decir, en las juntas de los baluartes con los muros.


Según rezaba una lápida existente en la puerta del recinto, la obra se construyó en el año 1557 por encargo de D. Bernardino de Cárdenas, Duque de Maqueda, Señor de Elche, para la defensa y protección de navegantes. A la antigüedad que denota la lápida mencionada hay que añadir la presencia de elementos claramente bajo-medievales como las cañoneras de media altura, también presentes en el Palacio de Cocentaina o en el Palacio Fortaleza de Onil, obras del siglo XV. Igualmente, a estos rasgos de indefinición constructiva, propios de un período de transición, hay que añadir la existencia de las naves huecas en sus muros.


Obviamente, nos hallamos ante una obra encuadrable dentro del grupo de las construcciones pre-abaluartadas, como sus hermanas del castillo de Santa Bárbara de Alicante, o de las murallas de Villajoyosa, etc. Pruebas todas ellas de la penetración en nuestras tierras de los criterios renacentistas que, como opina M. Beviá, también son rastreables en las construcciones militares y civiles y no sólo en las religiosas, levantadas en el ecuador del siglo XVI. En el año 1784 el castillo-fortaleza pasó a la corona y en conmemoración de este acto se colocó encima de la puerta principal el escudo que porta las armas reales de la casa Borbónica. Pocos años después, en el 1806, el recinto se encuentra en un estado lamentable, hasta que en el año 1855 se dió la orden de abandono y demolición del edificio por haber quedado inútil e inservible para la política militar de defensa de la costa. Aprovechando esta situación, la corporación de Santa Pola solicitó su cesión, alegando el interés en destinarlo a Iglesia Parroquial y a acoger la Aduana. El 13 de Septiembre de 1859 se cedió el castillo a la población y en la actualidad, una vez trasladadas las oficinas municipales, es un centro cultural de primer orden en cuyas dependencias se encuentra el Museo del Mar, con sus salas destinadas a arqueología, etnografía y acuarium.


(según Rafael Azaur y Francisco J. Navarro en CASTILLOS DE ALICANTE)

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