sábado, 20 de agosto de 2011

Castillo de Forna

Dominando la pequeña población de Forna se levanta este castillo sobre un tosal al mediodía de la población. Su planta es cuadrada con cuatro torres rectangulares en las esquinas y todo el conjunto está realizado en tapial sobre mampostería y con aberturas remarcadas en ladrillo.


El ingreso al castillo se encuentra en su fachada N y es de medio punto en ladrillo, dando paso, a través de un cuerpo de guardia, al patio de planta rectangular y a dos alturas, en donde se encuentra el aljibe principal. Desde el patio se accede a las distintas dependencias del palacio. Así, las caballerizas y las cocinas se encuentran enfrente, en las salas inferiores del cuerpo de mediodía, el comedor o gran salón, rectangular con ventanas al patio, sobre la puerta de entrada, con mirador y el resto de las distintas habitaciones a lo largo de las tres plantas que discurren por las fachadas del edificio. Posiblemente, las de la tropa o de los sirvientes se emplacen en las dependencias inferiores del ala de poniente, las cuales poseen aspilleras defensivas. En este mismo frente y en la sala inferior de la torre del flanco NO se encuentra un conjunto extraordinario de grafitis medievales y renacentistas. De todo el conjunto se distingue la torre del flanco NE, de mayor tamaño que las otras, de tapial con falso despiece de sillería al exterior y sobre mampostería. Por su fachada SO, se accede a una sala cubierta con bóveda sobre arcos nervados, con aljibe en su subsuelo y escalera de caracol para acceder a las otras plantas. Es la construcción más antigua del castillo.


En la última década del siglo XII, al igual que las torres de Novelda o de Villena, se construyó esta torre del ángulo NE a la que posteriormente se le añadió el resto de las estructuras actuales que, en conjunto, confieren a este castillo de Forna el carácter de palacio señorial, con todas las dependencias propias de una residencia feudal, respondiendo al modelo de construcciones palatinas bajo medievales, como Cox, Castalla, Murla, etc. y que por su forma es parangonable al desaparecido castillo de Olimbroy de Denia. Asímismo, la utilización del ladrillo y de las molduras de yeso en las puertas y ventanas nos llevan a fechar el edificio como de la segunda mitad del siglo XV bajo el señorío de la familia Cruilles. De estos pasará a la familia de los Figuerola en el siglo XVII y en el siglo XVIII a los Juliá, hasta su último señor el Barón de Santa Bárbara. En la actualidad es de propiedad particular y es posible su visita preguntando en el Ayuntamiento.


(según Rafael Azaur y Francisco J. Navarro en CASTILLOS DE ALICANTE)

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