viernes, 10 de mayo de 2013

Castillo de Monzón de Campos

Dedica también J.M. Quadrado en sus Recuerdos y Bellezas de España -1861- algunas
apreciaciones a la fortaleza de Monzón, cuyo nombre deriva "del montecillo en que está,  Monteson en latín bárbaro", de la que nos cuenta que "suena desde la primera repoblación de  los Campos Gótícos que siguió a las conquistas de Alfonso III".

Reseña histórica
El rey leonés Ramiro II comenzaba a sentirse inquieto, mediada la décima centuria, por el avance de los dominios del conde castellano Fernán González. Con objeto de obstaculizar las maniobras extensivas del dominio castellano confirió a su fiel vasallo Ansur Fernández el condado de Monzón. Sus descendientes, la dinastía Ansúrez, consolidaron y mantuvieron sus dominios condales en torno a la villa de Monzón durante dos siglos. La villa se defendía por dos castillos. El edificio que ha llegado a nosotros corresponde a la reposición de uno de aquellos enclaves fortificados.
Desde mediados del siglo XIV el lugar se integra en el señorío de la familia Rojas - de origen burgalés - por donación de Pedro I a Sancho Sánchez de Rojas. Algún miembro de la familia Rojas - no parece existir constancia documental que permita su exacta determinación - ordenó la construcción del castillo que ahora contemplamos.

Características arquitectónicas
El castillo de Monzón constituye un auténtico monumento a la sobriedad. Su planta de polígono irregular sólo se desfigura con el añadido del cuadrado que proyecta la torre del homenaje, que constituye la parte de mayor antigüedad del conjunto. La regular sillería albar de su fábrica contribuye a acrecentar la sensación general de uniformidad. La almena que recorre el perímetro superior - único resalte en el pesado conjunto - se remata con adornos piramidales en la torre del homenaje. Ocupa un emplazamiento elevado que garantiza su defensa y se guarece tras barbacana exterior con gruesos cubos angulares.

Estado de conservación
Ha sito restaurado y acondicionado como establecimiento hostelero. Pertenece a la Diputación de Palencia. Su interior ha resultado agraciado con el añadido de una soberbia portada románica procedente de la desaparecida ermita de Cenera de Zalima, cuyo emplazamiento resultó engullido por las aguas del embalse de Aguilar. La falta de firmeza en el asentamiento ha provocado, tras la restauración, el agrietamiento y pérdida de parte de la barbacana inferior.

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