lunes, 13 de mayo de 2013

Castillo de Narros de Saldueña

Quizá el silencioso discurrir de la historia local haya dejado fuera de contexto a esta fortaleza, ocultándonos motivos que justificarían algunas de las inexplicables contradicciones intrínsecas que adornan - nunca mejor empleado el término - a este singular edificio. Lo único cierto es que el castillo de Narros tiene ese toque de coquetería, nunca fácil de describir, que confieren los alardes inútiles. ¿Qué eficacia defensiva puede brindar un muro perimetral de apenas un par de metros de altura? ¿Qué protección para los vigías cabe esperar de los expuestos garitones esquineros? El transcurso del tiempo ha borrado los rastros arqueológicos que permitan colmar la curiosidad de quien se plantee estas cuestiones. Algún experto ha planteado la hipótesis de que la edificación se rodeaba con foso -hoy desaparecido-, lo que redundaría en funcionalidad de la raquítica cerca. Fuera de esta explicación no queda más remedio que considerar una presumible finalidad residencial para explicar la peculiar conformación del conjunto.

Reseña histórica
Su construcción, que debió iniciarse en los últimos años del siglo XV, se atribuye a Don Rodrigo de Valderrábano, titular del mayorazgo de Saldueña. El edificio es popularmente conocido como castillo del duque de Montellano, a quien el monarca Felipe V entregó el condado de Saldueña a comienzos del siglo XVIII.


Características arquitectónicas
Su planta rectangular y algunos aspectos de técnica constructiva que se aprecian en sus partes más antiguas, entre los que se cuenta el empleo de troneras, sirven a los expertos para fijar en el siglo XV su fecha de construcción. En la bibliografía especializada encontramos a su robusta torre del homenaje elevada a la categoría de "faro de La Moraña". El tratadista Edwar Cooper resalta como particularidades más llamativas de este conjunto el empleo de granito para la construcción de un arco conopial instalado sobre el vano de una chimenea en estancia interna y el estilo flamenco de los pabellones de ladrillo que ejercen como garitas voladas en las esquinas del muro interior. Llamará nuestra atención, además de una peculiar concesión ornamental con forma de batracio incrustada en uno de los muros exteriores, la vieja y herrumbrosa reja que protege la puerta de acceso al recinto.


Estado de conservación
Completo. Ha sido cuidadosamente restaurado para recuperar el destino residencial que presumiblemente tuvo en origen.


(Los Castillos y Fortalezas de Castilla y León - Carlos M. Martín Jiménez)


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