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lunes, 3 de marzo de 2014

Castillo de Tiebas

Teobaldo I ordenó la construcción del castillo hacia el año 1250 y concedió en 1264 a sus habitantes el Fuero de los francos de Estella, configurándoles como hombres libres. Su nombre se atribuye a la predilección por las tierras orientales de los monarcas de la Casa de Champaña, quienes marcharon a las Cruzadas y pudieron nombrarla con el mítico nombre de la Tebas griega o la Tebas egipcia.
En el siglo XIV obtuvo la categoría de Buena Villa con asiento en Cortes. Detentaba además el cargo de preboste, encargado de la persecución de malhechores. Su cárcel fue pródiga en encarcelamientos, especialmente en 1280, con 26 presos provenientes de la Guerra de la Navarrería, pues como narra el canto 98 del poema de Annelier “a todos los que habían causado enojo los hizo ahorcar y empalar. A todos los demás los hizo llevar presos a Tiebas y morir de dolor. Jamás vi a ningún hombre vengarse tan bien”. Se refería al gobernador Beaumarchais tras conquistar y arrasar la Navarrería en 1276.
El castillo se reformó en 1321 como archivo real, depósito de la Cámara de Comptos, custodia del tesoro y prisión. Carlos II en 1364 nombró al judío Salomón de Polbroc alcaide, y también disfrutó con las chanzas del juglar Bonafox (también judío), a quien otorgó una pensión vitalicia.
En 1378 se acusó de cobardía al gobernador, el caballero Berrio, cuando la fortaleza fue atacada y destruida por los castellanos. Además, talaron los frutales y robaron el ganado de la población, por lo que Carlos II les eximió de la mitad de las pechas. Lo peor del ataque fue el incendio, pues ardió buena parte del Archivo de Navarra y nos ha privado de conocer un pedazo de nuestra historia. Así lo relataba el padre Moret en sus Anales: “El capitán castellano Pedro Manrique entregó a las llamas aquel hermoso castillo y juntamente con él las memorias de la antigüedad que más podían ilustrar los tiempos de nuestra historia, para hacer eterno el dolor que siempre nos debe causar una vez sepultadas tantas luces en aquel montón de ruina y cenizas”.
Tras ser reconstruido, lo adquirió Juan de Beaumont en 1445. En 1494 se libraba la guerra civil entre agramonteses (partidarios de los reyes navarros) y los beamonteses (aliados de los castellanos) cuando el rey Juan de Albret atacó el castillo, en poder de Luis de Beaumont, apoderándose temporalmente de la fortaleza. Pero las tornas cambiaron en 1512 con la conquista de Navarra, cuando la alianza beamontesa con Castilla impidió que fuera demolido por Cisneros.
En 1654, el Condestable de Navarra denunció a varios vecinos por robar piedra del castillo, lo que confirma que estaba abandonado. Todavía fue utilizado durante la Guerra de la Independencia, ya que se empleó para emboscadas en el paso a Tafalla y fue testigo de una sangrienta batalla en 1810 entre cuatro batallones de Espoz y Mina contra más de tres mil soldados franceses.
Se encuentra hoy en ruinas, pero se trabaja en él para consolidar su estructura. Las excavaciones han hallado además restos de azulejos medievales y la bodega (enterrada bajo los escombros). Esto no es nada extraño, pues nos consta la afición al vino de la Casa de Champaña, como su propio nombre indica, ya que compraron viñas, extendieron su cultivo y trajeron a Navarra nuevas especies como el verjus, una especie de cava espumoso. El rey Teobaldo I de Champaña trajo de su región natal las cepas para elaborar el “verjús”, vino agraz, especie de vinagre para agregar a algunos platos.

(Curiosidades de Navarra Web)


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