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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Fuerte de la Concepción. Aldea del Obispo

La construcción de esta emblemática fortificación de frontera aparece asociada al fenómeno histórico de la rebelión portuguesa de mediados del siglo XVII contra la corona española, que había engullido en tiempos de Felipe II el territorio lusitano. En 1640 Portugal se subleva en búsqueda de la recuperación de su independencia nacional, y fortifica la plaza de Almeida. La reacción de los estrategas militares españoles, que debían atender a multitud de frentes en discordia, no se hace efectiva hasta 1663, en que el duque de Osuna proyecta un ataque contra esta posición fortificada portuguesa. Para apoyar su estrategia impulsa la construcción de un fortín -originalmente denominado Fuerte de San José- con el que pretendía reforzar su proyecto de asedio a la vecina fortificación lusitana.
El edificio tuvo efímera vida. Con el fracaso de la campaña del duque, y ante la evidencia de que el fuerte resultaba indefendible, el conjunto fortificado fue derruido por las mismas manos que lo levantaron.
El decurso histórico traería nuevos impulsos a los intentos de fortificación de la frontera, y en el siglo XVIII el fuerte renacería sobre sus cenizas bajo su nominación como Fuerte de la Concepción. La recóndita villa salmantina de Aldea del Obispo conserva en sus inmediaciones los vestigios residuales de aquel interesante exponente de la arquitectura militar de la decimoctava centuria.
Su conjunto -que se extiende sobre una vasta superficie yerma- ofrece un melancólico aspecto de irreparable abandono. Recorrer los destartalados restos de las caballerizas, almacenes y dependencias de ciclópeo emplazamiento fortificado produce una extraña e inquietante sensación, que empuja, inevitablemente, a la reconstrucción ideal de escenas de su turbulenta historia. Sobre este fuerte parece pesar una maldición histórica. Fue dos veces construido y otras tantas destruido por sus propios creadores, y nunca llegó a proporcionar escenario a conflicto bélico alguno.


Reseña histórica
Tras el fracaso del asedio a la plaza de Almeida, planeado por el Duque de Osuna, el primer edificio fortificado del Fuerte de San José, construido en el año 1663, resultó derruido al considerarse indefendible.
Habrá que esperar hasta 1736 para asistir al resurgimiento de esta fortificación fronteriza. Entre los diferentes proyectos ideados por los ingenieros militares que fueron consultados para la recomposición del fortín fue seleccionado el diseño del estratega Pedro Moreau. Más de seis décadas de arduos trabajos hubieron de invertirse en la construcción de esta pretenciosa fortificación, en la que intervinieron los más afamados maestros de obra de la época. Destacan los tratadistas, entre
ellos, la figura de Manuel de Lara Churriguera. En 1797 se instalan las contraminas y se rematan las obras pendientes. Su estructura y su propia solidez fueron severamente criticadas. Nunca pudo comprobarse el acierto de la crítica, pues, paradójicamente, la fortificación no llegó a verse involucrada en escaramuza militar alguna. A comienzos del siglo XIX Ciudad Rodrigo es invadida por tropas francesas. Para impedir su utilización por el bando antagonista el general Cronwel acordó, en
1810, la destrucción, mediante voladura selectiva, de algunas partes estratégicas del conjunto.


Características arquitectónicas
Sólo la perspectiva aérea permite contemplar en toda su magnitud la sorprendente configuración de este conjunto fortificado. A vista de pájaro se aprecia una estructura que muestra planta que sugiere la sucesiva inserción de tres estrellas, cada una de las cuales se inscribe en otra más externa. Los tratadistas Cobos y de Castro resumen el proyecto elaborado por Moreau señalando que "consiste en un fuerte con cuatro baluartes y cuatro revellines y un reducto avanzado sobre un
teso que dominaba la fortaleza (padrastro)". Todo el conjunto se organiza en torno a un amplio patio central, desde cuyos ángulos se proyectan estructuras arquitectónicas de forma romboidal. La plaza de armas interior distribuye el acceso a las diferentes dependencias -cuerpo de guardia, calabozos, almacenes de artillería, etc.-. El acceso al inteñor se realizaba a través de puente levadizo. Sobre la puerta principal se conserva un blasón de notables proporciones con las armas de la corona. El cuerpo central del fuerte se comunicaba con las caballerizas externas a través de una trinchera fortificada.


Estado de conservación
La voladura controlada de sus puntos estratégicos fue causa del arruinamiento parcial que muestra el edificio. Es de propiedad particular y carece de uso. Los restos que han sobrevivido parecen consolidados.

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