domingo, 26 de octubre de 2014

Castillo de la Triste Condesa - Arenas de San Pedro

El Castillo de la Triste Condesa se alza imponente dentro del casco urbano de Arenas de San Pedro (Avila), en la parte más baja de la población como principal defensa del puente sobre el río Arenal.
Se construye entre 1.393 y 1.423 por el condestable Don Ruiz López Dávalos y tras su destierro por el rey pasa a la familia Pimentel quien lo da a doña Juana Pimentel como dote para su boda con Don Álvaro de Luna. El rey Juan II en 1.453 ordena ajusticiar al noble y su esposa se retira a vivir en él, autonombrandose "La Triste Condesa".
Es un castillo almenado de estilo gótico con planta cuadrada, con torres rectangulares en los lienzos y circulares en las esquinas, una de las cuales es la torre del homenaje, a la que se accede tras la puerta de entrada al patio de armas.
En el pasado reciente se utilizó como cementerio, uso bastante habitual en Castilla de estas grandes edificaciones deterioradas por las guerras, los incendios y el inclemente paso del tiempo; pero afortunadamente hoy ha sido rescatado y tras una buena reconstrucción se disfruta con actividades culturales y lúdicas que sin duda animarían a la Triste Condesa.
Álvaro de Luna, este maravilloso castillo data del siglo XIV. Incendiado durante las diferentes guerras, se conserva (con trabajo de restauración) gran parte del mismo. Sirvió de prisión y de cementerio y ahora es Auditorio municipal, Museo y Sala de exposiciones y congresos. Se celebran en él varios festivales a lo largo del año y fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1931.
A lo largo de los años, el castillo ha tenido diferentes usos, pero decididamente a partir de los años 70 del pasado siglo, el patio de armas se viene utilizando como espacio mágico para actuaciones culturales y festivas. Un lugar maravilloso que no debéis perderos si visitáis Arenas, sobre todo si se celebra algún evento cultural en su interior.

Este es un buen ejemplo de adecuada gestión cultural en un pueblo: Un edificio histórico no sólo no se ha convertido en una vieja ruina sin uso, sino que se ha transformado en el eje cultural de Arenas y un lugar del que sus habitantes se sienten orgullosos.

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